Elogio de la templanza

Norberto Bobbio

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Temas de Hoy. Madrid (1997). 239 págs. 2.850 ptas.

El interés de cualquier libro de Norberto Bobbio (Turín, 1909) es claro, no ya por sí mismo -uno de los más perseverantes autores de filosofía política y del derecho-, sino además por su influencia en España, sobre todo en los últimos años, durante la gestación de la hegemonía socialista. Bobbio fue comunista en su juventud, ahora se puede considerar en un sentido muy amplio socialista, pero desea, en especial, la independencia. A su edad y con su experiencia, se comprende que eso sea lo más razonable.

El libro está compuesto de varios ensayos, de desigual interés. El que da el nombre al volumen es un elogio de la templanza, en el sentido de la moderación y, más en concreto, en el de la no violencia. La ocasión le permite a Bobbio decir algo sobre el antiguo concepto de virtud y recuperar algo de esa tradición.

Más interés revisten otros textos sobre cuestiones probablemente más cruciales: las relaciones entre la política y la moral, y entre la moral y la religión. Porque esto es lo verdaderamente relevante de las reflexiones maduras de Bobbio (acaba de publicar un De senectute): que no tiene prejuicio alguno en considerar cruciales asuntos que la mentalidad laica tradicional rechazaba como pertenecientes al ámbito anticuado de la metafísica, por no hablar de la religión.

Bobbio no ha sido nunca creyente, y no lo es tampoco ahora, según propia confesión. Pero con el tiempo y la experiencia ha crecido su interés por los grandes problemas. Sería inhumano, afirma, hacerlos desaparecer como tales problemas. Pero la experiencia tiene también su precio. Cuando se refiere a las relaciones entre moral y política, le sale natural la matizada defensa de Maquiavelo y, por tanto, del realismo político, que puede justificar cualquier cosa. Sólo que a Bobbio le gustaría a la vez criticar a fondo la “razón de Estado”, ya que sabe que ha servido con frecuencia para firmar con ella una notable colección de crímenes.

Es un mérito de Bobbio reconocerse perplejo ante algunos de los problemas que se plantean en las relaciones entre cuestiones importantes como la política, la moral y la religión. Pasó ya el tiempo en el que los vulgares positivistas jurídicos descalificaban esos temas como “sin sentido”.

Rafael Gómez Pérez

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