El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas

Eduardo Punset

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Destino. Barcelona (2005). 207 págs. 18 €.

¿Puede existir una ecuación que permita calcular con exactitud matemática el grado de felicidad alcanzable por una persona? Seguro que al lector le extrañará esta pregunta, pero precisamente de esto trata el último libro publicado por Eduardo Punset, uno de los divulgadores de ciencia más conocidos en España.

El título del libro, “El viaje a la felicidad”, ya revela un cierto reduccionismo. No se trata de “un viaje”, o sea, una propuesta, sino de “el viaje”, es decir, la única forma que tendrían hoy los humanos para ser felices. El subtítulo, “Las nuevas claves científicas”, da a entender que sólo en una sociedad guiada por el espíritu positivo de la ciencia podrán los humanos ser felices.

Si la intención de Punset es ésta, el mensaje no es nada novedoso, pues arranca, por lo menos, de los tiempos de la Ilustración y su ya caduca fe en el mito indefinido del progreso tecnológico, pasando por el mesianismo del positivismo cientificista decimonónico.

¿La pedagogía del texto? Se presenta una mezcla de todos los temas sin profundizar en ninguno. Exposición de tesis (por ejemplo: las religiones, todas, impiden el viaje a la felicidad; la felicidad está a lo largo del camino y no al final del mismo), sin una argumentación profunda y una apelación más a factores emotivos que a un discurso racional. Todo esto aderezado, en ocasiones, con un vocabulario innecesariamente técnico.

Algunos casos históricos aducidos tampoco son un fiel reflejo de lo que realmente sucedió. Un ejemplo es la referencia de Punset al uso de bosnios musulmanes por las tropas nazis en sus operaciones de conquista, para subrayar “la eficacia bélica de los que sacrificaban su vida sabiendo que el paraíso después de la muerte sería su recompensa”. La realidad fue bien distinta.

Los musulmanes bosnios que se alistaron en las SS no eran unos ingenuos que se dejaron manipular. Un experto en historia militar como John Keegan explica en su libro “Waffen SS. Los soldados del asfalto” que estos musulmanes bosnios se negaron a combatir contra todo aquel enemigo que no fuera el que ellos elegían, dedicándose “principalmente a la matanza de cristianos indefensos” (p. 105). Tan poco caso hacían de las órdenes de las jerarquías de las SS que el propio Himmler ordenó la disolución de la unidad.

En otras ocasiones Punset avala sus tesis con experimentos, como los de las ratas de Seligman, paradójicamente contradichos muchos años antes (concretamente desde 1958) por los de Joseph V. Brady con “monos ejecutivos” (cfr. “Úlceras en monos ejecutivos”, “Selecciones de Scientific American”, Blume, Madrid, 1979, pp. 420-424).

En este contexto de imprecisiones historiográficas, subjetivismos, tecnicismos, etc., Punset nos sorprende de tanto en tanto con ideas tales como el reconocimiento de que mayores índices de bienestar material no se traducen automáticamente en mayores niveles de felicidad; o la afirmación de que un estudio reciente “contradice la creencia popular según la cual el divorcio siempre hace más felices a los cónyuges en crisis”; o la cita de un científico como Robert Sapolsky, neurólogo de la Universidad de Standford, entrevistado personalmente por él, en la que afirma con rotundidad lo equivocado que resulta que “para frenar el sida, se invente una vacuna, en lugar de intentar cambiar las cosas absurdas que hace la gente con su vida sexual”.

En fin, libro encantador para quien guste de los popurrís y las misceláneas, pero que dejará insatisfecho a quien pida un poco de profundidad a un texto de divulgación científica.

Carlos A. Marmelada

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