El Usurpador del Imperio

Plataforma. Barcelona (2010). 314 págs. 19,95 €. Traducción: Francisco García Lorenzana.

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El año pasado se publicó por primera vez en España El Águila de la Novena Legión, la primera novela de la serie que Rosemary Sutcliff dedicó a la historia de la antigua Britania. Ahora sale la segunda, que también precede a otra que se había editado en España tiempo atrás con el título Aquila, el último romano. Como en este último caso, tampoco con El Usurpador del Imperio se ha respetado el significativo título original, además de que algunas erratas desluzcan una buena edición y traducción.

La acción tiene lugar el siglo III, cuando en Britania gobierna el emperador Carausio. Un joven ayudante de cirujano llamado Justino, de origen britano pero que había estado fuera muchos años, es destinado de nuevo a su tierra. Nada más llegar se hace amigo de un joven centurión, Marcelo Flavio Aquila, que resulta ser su primo. Ambos descubren accidentalmente que Alecto, el hombre de confianza de Carausio, planea derrocarlo y está en tratos con tribus sajonas que desean invadir la isla. Pero, cuando informan a Carausio, éste no les cree y los destina lejos, a la frontera Norte. Más tarde, sus temores se confirman y acaban uniéndose a un grupo de rebeldes que preparan la futura llegada del césar Constancio.

Todo lo que ocurre se ve a través de los ojos de Justino, aunque de vez en cuando el narrador añada cosas que él no percibe. Los personajes están perfilados con cuidado, la historia está extraordinariamente bien ambientada, y las descripciones son excelentes. La introducción del cristianismo en Britania se hace notar levemente cuando Antonio, un joven centurión que había tenido el valor de hacer frente a la guardia sajona de Alecto, se lamenta como para sí de que un personaje hubiera muerto para que él y otros pudieran salvarse, y musita un inacabado “nadie tuvo amor más grande…” que a Justino le suena como si estuviese citando a alguien.

La idea de fondo, tanto de esta como de las demás novelas, la formula Carausio cuando dice a los protagonistas que “Roma tiene el corazón podrido y un día se derrumbará”, y que su objetivo es hacer a Britania “lo suficientemente fuerte para aguantar sola cuando Roma caiga” y así salvar algo de la oscuridad que viene.

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