El Universo en una cáscara de nuez

TÍTULO ORIGINALThe Universe in a Nutshell

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Crítica. Barcelona (2002). 216 págs. 23 €. Traducción: David Jou.

Doce años después de Historia del tiempo, Hawking vuelve a publicar una obra de divulgación científica. El Universo en una cáscara de nuez no pretende ser una segunda parte de Historia del tiempo. Sin embargo, las referencias al best seller de los ochenta son inevitables. Lo esencial entonces era averiguar: ¿por qué existe el universo? y ¿por qué es como es? La conclusión a la que llegaba Hawking era la existencia de un universo autocontenido, sin principio ni fin, limitado pero sin fronteras ni bordes, en donde no hay lugar para un creador. Esto sería posible a partir del momento en que formuláramos una Teoría del Todo que nos permitiera comprender la entera naturaleza a partir de unas leyes fundamentales.

Justo aquí es donde se llega al punto de enlace con su nueva obra. También ahora defiende que el universo está autocontenido y no tiene fronteras, con las consecuencias filosóficas, antropológicas y teológicas que ello conlleva. Sin embargo, el optimismo cientificista de Hawking se muestra ahora más cauto: “En 1988 -dice en el prefacio-, cuando fue publicada por primera vez la Historia del tiempo, la Teoría definitiva del Todo parecía estar en el horizonte (…) hemos avanzado mucho desde entonces, pero aún queda mucho camino por recorrer y aún no podemos avistar su fin”.

La Teoría del Todo depende de la correcta elaboración de una teoría completa de la gravedad cuántica (teoría que lograría reconciliar la teoría de la relatividad general con la mecánica cuántica), algo que todavía no se ha conseguido. De hecho, en la Historia del tiempo ya advirtió Hawking que su afirmación de la existencia de un Universo sin fronteras (y, por lo tanto, sin “tarea” para Dios) era tan solo una propuesta porque no se sabía cómo combinar la relatividad general con la mecánica cuántica, y porque tampoco se sabía cómo establecer predicciones que estén de acuerdo con la realidad, algo consustancial a toda teoría científica que se precie. En su actual obra también advierte que la ausencia de contornos es igualmente una propuesta.

El objetivo último de Hawking es lograr demostrar que “el origen del universo debería ser gobernado por las mismas leyes que lo rigen en otros instantes”. En otras palabras: el universo debió de autocrearse a sí mismo gracias a las mismas leyes que gobiernan su desarrollo. El problema reside aquí en cómo compatibilizar con sentido lógico el hecho de que unas leyes que nacen con el universo hacen, al mismo tiempo, nacer al universo.

Sin renunciar a sus planteamientos fundamentales, el actual Hawking es más consciente de las limitaciones de nuestro conocimiento. El optimismo cientificista de los ochenta ha dado paso al reconocimiento de que tal vez nuestra mente se vea desbordada por la complejidad de la realidad y por ello nunca seamos capaces de llegar a comprender perfectamente todo.

El gran número de ilustraciones que incorpora la obra hace muy atractivo el libro, pero sin restar dificultad a un contenido un poco más complejo que el de Historia del tiempo.

Carlos A. Marmelada

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