El sueño de Venecia

Paloma Díaz-Mas

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (1992). 221 págs. 1.750 ptas.

Paloma Díaz-Mas ha obtenido con esta novela el Premio Herralde, del que ya fue finalista en 1987 con su obra El rapto del Santo Grial. El sueño de Venecia se construye con una serie de estampas costumbristas, ambientadas en distintas épocas y localizadas en el mismo barrio de Madrid, unidas por un breve hilo argumental: las peripecias del retrato, pintado hacia 1665, de una célebre cortesana y de su esposo, mucho más joven que ella. A lo largo de los siglos, el cuadro sufre diversas mutilaciones y se interpreta de diferentes maneras.

La autora realiza en esta novela una curiosa mezcla de géneros y estilos, en un alarde de adaptación a las formas narrativas de las distintas épocas. Así, en la primera parte, en la que relata la gestación del cuadro, imita los recursos de la novela picaresca; en primera persona, el pícaro narra sus aventuras y desventuras, y cómo llegó a casarse con la cortesana.

En el segundo capítulo, la acción se sitúa en el Siglo de las Luces. Esta vez se utiliza el género epistolar, característico, por ejemplo, de las Cartas marruecas de Cadalso. Un lord inglés que viaja por España, expoliando monasterios y casas nobles, cuenta sus impresiones del país y el descubrimiento del retrato. El capítulo tercero se desarrolla en el siglo XIX, y Díaz-Mas elige la técnica del folletín para crear una complicada historia sobre los sentimientos que atormentan al protagonista.

El último episodio transcurre en los años cincuenta de este siglo, y la autora emplea con rigor una de las técnicas de moda en esos años: el objetivismo. La perspectiva se consigue esta vez a través de los inocentes ojos de una niña que escucha los mensajes radiofónicos del momento.

El sueño de Venecia puede considerarse, por tanto, un ejercicio estilístico, quizá un artificio literario, a través del cual puede seguirse la historia de la novela. La autora da muestras de su capacidad para imitar diversas fórmulas con el fin de ofrecer al lector los variados registros que ha adoptado la narrativa a lo largo de los siglos. La riqueza del vocabulario y la descripción de las costumbres de cada época reflejan muy bien la realidad de los diferentes momentos históricos y acrecientan el interés del lector.

Guadalupe Pérez Aguirre