Rafael Domingo Oslé, catedrático de Derecho Romano, que ha trabajado durante doce años en universidades de Estados Unidos, señala, en el prólogo, el motivo que lo ha llevado a escribir este libro: terminaba la estancia en América y se despedía de un destacado abogado neoyorquino, quien, durante la conversación, le dijo: “El cristianismo nunca más ocupará en Occidente el puesto de honor que antaño le otorgó la historia”.
El resultado es un texto muy sugerente y oportuno, en el ambiente de crispación en el que a menudo nos movemos, sobre todo en ámbitos en los que debería darse ejemplo de lo contrario. Un libro que ilusiona, una llamada a optar por lo mejor y por lo que nos une como personas, con todo lo que puede aportar el cristianismo en esta tarea. En capítulos breves, trata sobre el respeto, la tolerancia, la secularidad y la libertad; sobre la idea de una sociedad trinitaria, a imagen de Dios; sobre el perdón, compartir y contemplar. Lo hace con buena argumentación, con abundantes ejemplos y con citas de numerosos autores, con un trasfondo cultural muy variado. “Una sociedad –dice el autor– que, defendiendo la más plena libertad personal de los ciudadanos, está abierta a la existencia de un Dios que es amor, se edifica sobre un fundamento más profundo que una sociedad agnóstica, atea o que se ha construido un falso Dios mental, como el éxito, la fortuna o los placeres”.
Un libro muy recomendable que nos invita a la reflexión, al debate sosegado, a huir de quejas y pesimismos, para encontrar soluciones para bien de todos.