El rey de los pleitos

TÍTULO ORIGINALThe King of Torts

GÉNERO

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Ediciones B. Barcelona (2003). 413 págs. 22 €. Traducción: María Antonia Menini.

En su anterior “thriller”, La citación, Grisham presentaba incidentalmente a un personaje llamado Patton French, un abogado dedicado a plantear querellas masivas multimillonarias contra grandes compañías. French reaparece aquí para entablar lucrativos negocios conjuntos con Clay Carter, el nuevo rey de los pleitos (torts, daños y perjuicios por los que se puede reclamar responsabilidad civil). Carter empieza siendo un joven abogado que sólo atiende casos de oficio y, cuando le corresponde uno muy extraño, es abordado por un intermediario de una poderosa compañía farmacéutica, que le propone un cambio radical de actividad a la vez que le proporciona la información necesaria para obtener ingentes cantidades de dinero en poquísimo tiempo.

En esta novela, sin sorpresas en el argumento, con una narración tan ordenada como siempre y el estilo habitual en el que abundan las frases irónicas e ingeniosas, Grisham presenta una intriga jurídica que intenta funcionar como un relato periodístico de denuncia, por un lado, y como un “cuento de advertencia”, para el gran público y para los propios protagonistas, por otro. Ambas cosas se formulan explícitamente a través de los comentarios que un veterano y prestigioso abogado transmite a Carter: “Las acciones conjuntas son una estafa, por lo menos tal como usted y sus amigos las llevan. Las demandas colectivas son un timo, un atraco al consumidor, una lotería organizada por la codicia”. De todos modos, el final feliz que Grisham pone a su relato no tiene nada de redentor ni de modélico y sí mucho de hollywoodiense.

Luis Daniel González