El río de la desolación

Javier Reverte

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Areté. Barcelona (2004). 366 págs. 21,50 €.

Desde Herodoto y Jenofonte los viajes han sido fuente de inspiración en numerosos escritores. Pocas veces la propia experiencia nutre como aquí la escritura. Sea primero la vida o lo sea el deseo de contarla, el resultado para el lector es el mismo, que ve satisfechas de primera mano su curiosidad o su deseo de escapismo. Javier Reverte (Madrid, 1944) ha seguido varias veces su impulso hacia el exotismo y la naturaleza y ha redondeado cada aventura con un libro. Ha viajado por África en varias ocasiones (1992, 1997 y 2002) y en otra por la costa oriental del Mediterráneo, y ha publicado relatos en los que destaca el equilibrio entre amenidad y rigor, cualidad que comparten tanto su estilo como sus materiales narrativos.

En el año 2002 recorrió durante tres meses el Amazonas, en su paso por Perú, Colombia y Brasil y la crónica de esa experiencia es “El río de la desolación”. No se trata de un proyecto cultural tan ambicioso y erudito como “El Danubio” de Magris, pero sabe aderezar su plato con todas las salsas posibles (la historia, la actualidad política, la sociología, etc.). El relato se enriquece con sus propias impresiones personales y con las numerosas citas de las lecturas que emprende en esos días, relacionadas siempre con los lugares y ambientes que va conociendo. También habla de las personas y personajes que encuentra. El título ya anuncia la conclusión inquietante que resume esos meses tropicales, seguramente influenciada por la malaria que a punto estuvo de hacerle perder la vida.

Sin grandes medios, en transportes populares y con poco equipaje, desde los Andes peruanos hasta el Atlántico, Reverte se adentra en un entorno insano, habitado por una población desolada por las enfermedades y la pobreza, entre el desarraigo y la supervivencia y que teme al hombre blanco como a las anacondas y los cocodrilos. Comparte, y nos cuenta, las experiencias de sus antecesores los españoles Orellana y Lope de Aguirre, o el científico Humboldt.

El viajero disfruta con lo que hace y también contándolo con entusiasmo y naturalidad, incluso con humor cuando la materia lo permite. Se muestra menos solvente, más oportunista y superficial, cuando pretende hacer metafísica y nos explica que el río es como la vida: turbia, engañosa, lúgubre, un ciclo implacable: nacer, sobrevivir a duras penas, morir. El libro incluye fotos, mapas, cronología, índice onomástico, glosario y bibliografía. Un trabajo documental y periodístico de primera mano.

Javier Cercas Rueda