El Quincunce

TÍTULO ORIGINALThe Quincunx

GÉNERO

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Anaya & Muchnik. Madrid (1995). 1.194 págs. 4.900 ptas.

De los años transcurridos como profesor de literatura inglesa en una universidad de Inglaterra, le quedó al autor el deseo de escribir una novela a la manera victoriana, como si su redacción datara de 1850 y se refiriera a hechos ocurridos poco tiempo atrás. Así surgió esta monumental obra, en la que hay deliberadas y múltiples reminiscencias de George Elliot, Charles Dickens, Wilkie Collins y las hermanas Brontë, tanto en la descripción de ambientes como en la forma de concebir la trama y perfilar personajes y situaciones.

La acción se centra en un niño -como los inolvidables Oliver Twist o David Copperfield- que, tras vivir una infancia feliz, aunque solitaria, junto a su madre en el campo, se ve repentina y violentamente arrojado a la miseria de los barrios bajos de Londres. Lucha allí por la subsistencia en condiciones muy precarias, tratando durante diez años de adueñarse de un testamento que cambiaría por completo su situación, mientras huye de los múltiples y misteriosos enemigos que tratan de impedírselo.

Una intriga muy compleja, que incluye a cinco familias -de ahí el título- emparentadas pero rivales, recae con todo su peso sobre este sencillo e inteligente personaje para hacerle víctima de una ingente cantidad de desgracias. Más de mil páginas y un sinfín de sucesos, en los que intervienen casi un centenar de tipos humanos de toda condición, desde nobles hasta asesinos a sueldo, prueban la capacidad imaginativa de Palliser. Su conocimiento de las técnicas narrativas tradicionales le capacita para conseguir una lectura entretenida pese a tan ingente extensión, que podría haber acortado sin menoscabo del interés. La obra gustará a un público sin duda minoritario, pero que no quedará defraudado, si bien el desenlace está lejos de aclarar algunos de los interrogantes que se plantean.

Hay que señalar también que Charles Palliser es sólo un victoriano de forma. No adopta el fondo de la típica moral de la época, conformista y estricta. La suya es una actitud de crítica social, inconcebible entonces en los términos en que la expresa, y sus alusiones a conductas reprobables están hechas de un modo que en la actualidad resulta muy discreto pero que sería intolerable para la Inglaterra decimonónica.

Pilar de Cecilia

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