El pequeño heredero

Gustavo Martín Garzo

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Lumen. Barcelona (1997). 308 págs. 2.200 ptas.

La vida de un niño huérfano, acogido por una prima de su madre, sirve de base a Gustavo Martín Garzo para desarrollar en esta novela un complejo entramado de pasiones oscuras, en el entorno de un pueblo castellano, a mediados de siglo.

Sobre el pequeño Isma gravita no sólo la herencia de su propia enfermedad epiléptica, sino el peso de toda esta carga de pesares de los que es espectador mudo y a la vez víctima. Sin embargo, las alucinaciones que iluminan su mente cuando sufre un ataque le transportan a un terreno casi mágico, que presta a la obra un carácter onírico.

Esta tensión entre el costumbrismo teñido de crítica social y la fantasía fantasmagórica tendría que haber prestado a la obra un tono de intriga y una tensión que dieran a la trama su propia y original personalidad. El propósito de reflejar, en una acción entrecruzada, lo mejor y lo peor del corazón humano consigue aciertos parciales pero no un logro global. Algunos personajes están bien perfilados, pero otros incurren en tópicos desgastados. Así, junto a episodios de intensa fuerza narrativa, otros derivan hacia el melodrama.

El elemento más equilibrado es el estilístico, con un lenguaje muy medido, de gran precisión estética, que reclama una lectura exigente y atenta. Pesimismo existencial y frustración afectiva son constantes de los personajes, en cuyas vidas la bondad y la alegría son apenas destellos instantáneos, la dimensión espiritual es nula y el amor se reduce a una sexualidad impregnada de matices morbosos.

Pilar de Cecilia

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