El paraíso en la otra esquina

Mario Vargas Llosa

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Alfaguara. Madrid (2003). 488 págs. 21,95 €.

La más reciente novela de Vargas Llosa trata sobre la vida de Flora Tristán, activista política que vivió durante la primera mitad del siglo XIX, y de Paul Gauguin, su nieto, uno de los más afamados pintores del impresionismo, muerto en 1903. Aunque la procedencia de ambos es peruana, sus vidas están ligadas sobre todo al ámbito de la cultura francesa del XIX.

Flora Tristán, descendiente de una familia arequipeña de rancio abolengo, pasa la mayor parte de su vida en Francia. Tras un matrimonio fallido y traumático, decide hacer de la liberación de la mujer una bandera política y social. Para ello se nutre de las doctrinas en boga, los socialismos utópicos, y desarrolla una peculiar visión de las relaciones sexuales al margen del matrimonio.

Paul Gauguin camina por otros derroteros. A los treinta años ya se ha convertido en un próspero agente de Bolsa, casado y con cinco hijos, pero su vida cambia radicalmente cuando descubre su verdadera vocación: la artística. Abandona el trabajo, su matrimonio entra en crisis, y decide, animado por varios amigos artistas, retirarse de la civilización europea para descubrir las culturas que aún no han sido contaminadas y destrozadas por el espejismo del progreso. Primero en Tahití y finalmente en Las Marquesas, busca afanosamente la vida auténtica, sin trabas de tipo social, religioso, sexual, laboral, el ideal de vida -también utópico- radicalmente libre.

La novela está estructurada en capítulos cortos. Los impares cuentan la vida de Flora y los pares la de su nieto. El marco de cada una de las historias es la última etapa de sus vidas, y a partir de un pequeño detalle de la actualidad se desencadena el recuerdo y se explica toda una época anterior. En el caso de Flora Tristán, la época sobre la que se trabaja son los últimos meses de su vida, en los que recorría las ciudades francesas para recabar fondos y adeptos a su causa. En cuanto a Paul Gaughin, el marco son los viajes al Extremo Oriente y sus peripecias en torno a la vida de los indígenas.

El paraíso en la otra esquina, aunque carece de la fuerza narrativa de otras del mismo autor, sorprende por la destreza en la narración y el modo de conectar los sucesos de diversas épocas, por la cantidad de detalles históricos, doctrinas políticas y sociales del XIX, y por el gran conocimiento de las escuelas artísticas de la segunda mitad del siglo. Cabe destacar en este aspecto la especial relación entre Gauguin y Van Gogh. Los personajes masculinos resultan más auténticos que los femeninos, como suele ser habitual en las obras del peruano. Por eso, siempre parece más verosímil la vida del pintor que la lucha de Flora Tristán, que permanece en un marco más convencional. Los continuos ataques a la Iglesia católica (oscurantista y aliada del capital que esclaviza al obrero), al matrimonio y a la moral sexual llegan a resultar tópicos.

Ángel Esteban