El ángel literario

Eduardo Halfón

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Anagrama. Barcelona (2004). 135 págs. 11 €.

Verano de 1914. Nabokov recita en trance a su madre, que le oye entre sollozos, el primer poema amoroso que ha compuesto a partir de una imagen que le sugiere una plateada gota de lluvia. Un Carver joven, sin dinero, ahoga en alcohol una miseria que le impide dedicarse a escribir, y lee a Chéjov mientras unas lavadoras limpian la ropa de sus hijos.

Halfón (Guatemala, 1971) indaga el momento en que una persona comienza a escribir. El propio hecho literario ha sido a menudo objeto de literatura y esta cuestión, en concreto, no es un asunto nuevo. Son originales, en cambio, el enfoque y el modo de presentar las conclusiones: Halfón persigue a ese ángel literario (hechizo, detonante o inspiración) por memorias y biografías; entrevista, investiga, reflexiona, se examina, y nos presenta el resultado en un mosaico de piezas bien trabadas. El libro se presenta en su propio hacerse -obsesivo- a modo de una especie de diario donde caben miniensayos, piezas periodísticas, aforismos, citas y anécdotas. Cinco autores (Carver, Nabokov, Hemingway, Hesse y Piglia) son especialmente examinados, pero no son los únicos que recorren estas páginas: en cada uno de los cinco capítulos se intercala la memoria de otros muchos escritores (Sartre, Monterroso, Capote, Sábato, Brecht, Darío, etc.), además de la del propio autor de este volumen.

No siempre es fácil explicar por qué una persona escribe o en qué momento concreto empezó a hacerlo. Halfón rastrea antecedentes familiares, contexto cultural, amistades y formación, circunstancias (viajes, lecturas, maestros), carácter o inclinación. Y aporta algunas respuestas nada definitivas: huir del vacío existencial que crea la dependencia racional, necesidad de potenciar la realidad con la magia, seducción de la palabra, anhelo de afrontar sólo los hechos esenciales de la vida, entenderse a uno mismo, ser querido o atracción por la imagen pública de los escritores.

Algunas de las circunstancias narradas son conocidas por cualquiera familiarizado con esos autores. Otras resultan nuevas. En cualquier caso, verlas unidas bajo el prisma que ha elegido Halfón resulta iluminador. Casi siempre la obra de los grandes escritores está por encima, y mucho, de sus propias vidas. Acercarnos a sus biografías puede hacer flaquear la estima hacia sus libros, pero es tremendamente ilustrativo de la conjunción genio-trabajo que hay siempre detrás del arte. No es tan fácil demostrar como decir que hay que separar absolutamente vida y obra y, además, satisfacemos una irresistible curiosidad.

“Toda persona está a una palpitación de volverse escritor, y todo escritor está a una palpitación de ya no serlo”, concluye el autor. Él mismo dejó el ejercicio de la ingeniería cuando descubrió que lo que realmente quería hacer era leer y escribir. Quienes disfruten esta lectura también estimarán dos inspirados trabajos, “Bartleby y compañía” (Enrique Vila-Matas) y “Vidas escritas” (Javier Marías). Los tres libros comparten una fértil pasión por la literatura e invitan a asomarse directamente el trabajo de muchos grandes autores.

Javier Cercas Rueda