El mayorazgo

Nórdica. Madrid (2007). 153 págs. 14,50 €. T.o.: Das Majorat. Traducción: Jorge Seca.

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Siempre es interesante leer a E.T.A. Hoffmann. Marisa Siguán hace una documentada introducción en la que da a conocer la vida personal y profesional de Hoffmann, y cómo llegó a la literatura tras pasar por otros quehaceres, no todos artísticos. La traducción de Jorge Seca resulta muy adecuada: mantiene cierto tono propio de la época en que surgió (siglo XIX), pero sin dejar de ser una lectura moderna para el lector actual.

El mayorazgo forma parte del conjunto de narraciones –Piezas nocturnas- de género terrible, en el que se unen lo irracional, el subconsciente, lo misterioso inexplicable, es decir, una calidad y contenido a la vez gótico y romántico.

Todo lo que en esta larga narración es realmente narración adquiere el intenso clima, que es propio de Hoffmann, con toda su capacidad de seducción y arrebato. Pero grandes trozos de esta novela antes de tiempo (en expresión de Rosa Chacel) no están narrados, sino contados; la realidad a la que se refiere no está puesta de pie ni sus personajes viven y hablan como en los otros trozos de la narración/novela verdaderamente trabajados. Es como si el autor -es usual en la tarea de escribir- saltara por encima de extensos pasajes dejando sólo constancia de lo que va a ser cuando realmente lo escriba, cuando lo narre. Son espacios en forma casi de guión. Al autor le ha venido con más fuerza y viveza un pasaje posterior y, dejando sólo apuntado o pespunteado el anterior, desarrolla el que le atrae más, o se le viene encima con más urgencia.

Pero en el caso de El mayorazgo las partes apuntadas quedaron como tales; Hoffmann no sintió deseos de desarrollar lo abreviado, y así se le quedó. Y quedó -por su relativa brevedad- más como narración que como novela. Y, así, la incluyó en Piezas nocturnas. Hubiera sido una novela larguísima.

Aun con todo, cabe que al lector de Hoffmann le dé igual que aquí E.T.A. no narre, le basta con que le cuente.

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