El lobby israelí y la política exterior de Estados Unidos

Taurus. Madrid (2007). 607 págs. 22 €. Varios traductores.

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Un catedrático de ciencia política y otro de asuntos internacionales, miembros de think tanks próximos al partido demócrata norteamericano, han escrito un exhaustivo libro a partir de un artículo ampliamente difundido desde su publicación en la London Review of Books en 2006. En primer lugar, se centra en la descripción del lobby israelí en EE.UU., una coalición inconexa de personas y organizaciones que trabajan tenazmente para que la política exterior de Washington sea de incondicional apoyo a Israel.

Pero la obra es también un alegato a favor de una política americana más equilibrada hacia el Estado judío, y en este sentido recuerda con cierta nostalgia las presidencias de Truman y Eisenhower, cuando no existía una absoluta parcialidad hacia Israel. Sin embargo, desde la guerra de 1967, EE.UU. acentuaría sus posiciones pro-israelíes, aun a riesgo de sus propios intereses en Oriente Medio.

Los autores salen al paso de las habituales acusaciones de los miembros del lobby, que equiparan antisionismo y antisemitismo. También insisten en que no ponen en duda el derecho de Israel a su existencia, pero rechazan que EE.UU. apoye acríticamente al Estado judío. Incluso califican a Israel de “carga estratégica” para Washington, al aducir disparidad de intereses entre americanos e israelíes en Líbano, Siria, Irak, Irán o los territorios palestinos.

De paso hacen una crítica al proyecto de la Administración Bush de cambiar el mapa de Oriente Medio con la guerra de Irak. Vistos los resultados, hubiera sido preferible mantener el statu quo en la región, incluido el régimen de Sadam, pues los norteamericanos deberían haber seguido velando por sus intereses con aliados interpuestos y nunca con tropas sobre el terreno.

Pese a todo, esta llamativa obra de Mearseheimer y Walt no tiene muchas posibilidades de influir en la política de Washington, con independencia de que haya un demócrata o un republicano en la Casa Blanca. Su aluvión de argumentos bien fundados se estrella contra una realidad: pese a sus imperfecciones, Israel es un sistema democrático en un Oriente Medio en el que sus vecinos o adversarios se aferran al inmovilismo o al integrismo. En ese tesitura, los americanos siempre optarán por su aliado israelí.

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