El legado del rey Tsongor

TÍTULO ORIGINALLa mort du roi Tsongor

GÉNERO

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Salamandra. Barcelona (2003). 221 págs. 11,50 €. Traducción: José Antonio Soriano Marco.

El legado del rey Tsongor llega avalado por su éxito originario en Francia, donde fue finalista del Premio Goncourt y obtuvo la predilección de los libreros y de los estudiantes de Enseñanza Secundaria. Su autor es un joven dramaturgo que escribe, con esta, su segunda novela.

La historia empieza cuando el rey Tsongor se quita la vida ante la terrible amenaza de una guerra cuyo detonante será el casamiento de su hija Samilia. Muchos años antes, la princesa se comprometió con un compañero de juegos. Ahora, su padre desea casarla con otro hombre. El choque de ambas promesas originará una lucha en la que lo de menos será la voluntad de Samilia, quien, como una especie de Helena de Troya africana, asiste desolada al terrible espectáculo de devastación y odio que ella misma ha generado sin proponérselo.

Este es el hilo narrativo con el que Laurent Gaudé teje un magnífico relato de resonancias clásicas, tanto en el fondo como en la forma. Los personajes actúan como movidos por una voluntad superior y se debaten constantemente entre obedecerla o seguir sus impulsos. De hecho, una de las palabras más repetidas por todos ellos es sea, como una fórmula de acatamiento a un designio ajeno y casi inexorable. Este sentido del fatum trágico dota a la novela de un tono solemne y de un ambiente a ratos sofocante. La lealtad, el amor, el odio, la pasión, el honor (a veces confundido con la soberbia) y un alto sentido de la fidelidad a la misión recibida son los resortes que mueven a los seres que pueblan esta historia.

El autor emplea un estilo cargado de bellas metáforas e imágenes, de símbolos de lo eterno, de lo inevitable y lo fatal, y de una musicalidad y un ritmo -en ocasiones, deliberadamente repetitivo, como de letanía- que prenden al lector. La ambientación remite al continente africano, aunque nunca se dice que sea allí, pero la fonética de los nombres, el paisaje y las costumbres religiosas y guerreras parecen indicarlo. De todos modos, es un espacio y un tiempo de carácter mítico que funde también elementos del occidente medieval. Estamos, pues, ante una novela que gustará a los amantes de los clásicos que tratan temas eternos de la condición humana.

Juan José De Paiz