El lado frío de la almohada

Belén Gopegui

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Anagrama. Barcelona (2004). 236 págs. 15 €.

“El lado frío de la almohada”, que da título a la nueva novela de Belén Gopegui (Madrid, 1963), alude simbólicamente a esos sueños irrealizables que pueden concebirse en las noches de irreparable ansiedad y de insomnio. Los sueños de esta novela son los de una agente de los servicios de inteligencia cubanos en España, la joven Laura Bahía, quien sirve con firmeza a la causa revolucionaria de su país a la vez que descubre las fisuras del régimen castrista actual, y mientras vive una envolvente aventura amorosa con un agregado político de la embajada de Estados Unidos en Madrid, Philip Hull.

Se trata, ciertamente, de un relato de espionaje enraizado en una situación actual (los hechos transcurren en la primera mitad de 2003, con la guerra y la posguerra de Irak por medio). Al espionaje y a la reflexión política se unen los conflictos morales de los dos protagonistas, así como el análisis psicológico de su relación amorosa, narrada con precisión y finura poco comunes. Los aspectos tanto individuales como colectivos aparecen urdidos en este relato unitario, en el que no se nota el peso de la reflexión ni del adoctrinamiento, sino que discurre ágil por su extensión relativamente breve.

A la narración lineal de los hechos suceden cartas íntimas de Laura Bahía al supuesto “director” de un periódico, donde estampa su drama entre la felicidad personal y la fidelidad a una causa colectiva (el futuro de la revolución cubana). Este tema de los sueños y la realidad, de la felicidad individual y del proyecto de una sociedad más justa, es el que da cohesión al complejo mundo tan vivamente encarnado en la novela. Para limitar su libertad creativa -y para hacer más verosímil su relato-, la autora utiliza el recurso de adjudicar a un personaje secundario, escritor profesional, la redacción de los hechos en forma de novela, de manera que la realidad pueda contarse entera sin comprometer a las personas implicadas.

Todas estas habilidades narrativas confirman la madurez literaria de una de las figuras más interesantes en la novela española actual. La intención moral de Gopegui, presente en sus obras anteriores, no es nunca simplista ni mediocre: ésta, como sus cuatro novelas precedentes, pretende mostrar la pobreza espiritual y la injusticia social de un mundo regido por el dinero. Lo nuevo de esta obra es la defensa de la revolución cubana. Laura Bahía, heroína indiscutible y “alter ego” de la autora, sabe que esa revolución ha pasado por fases distintas y por contradicciones muy dolorosas, pero sigue creyendo que vale la pena sacrificar su vida por un ideal que los poderosos de todo el mundo -también hoy buena parte de la izquierda- no hacen sino desacreditar, a su juicio, malévolamente.

Hay en los diálogos algunas declaraciones de principio que pertenecen al marxismo más ortodoxo, tal vez el más utópico; incluso se justifica la falta de libertad individual en favor del bienestar de toda la sociedad. También se silencian muchos aspectos y episodios de la revolución cubana difícilmente justificables. La autora, con su conocida habilidad para organizar todos los elementos de su novela, parece que nos ofrece el haz y el envés de cada proyecto; y ahí esta su mérito literario. Pero en ese claroscuro brilla demasiado un proyecto de revolución que se acoge a un modelo, el comunista, ensayado muchas veces desde hace un siglo y que, en la realidad a la que Gopegui quiere hacer justicia, no parece practicable ni en el mejor de los mundos posibles.

Carlos Javier Morales