El lápiz del carpintero

TÍTULO ORIGINALO lapis do carpinteiro

GÉNERO

Alfaguara. Madrid (1998). 201 págs. 2.200 ptas. Traducción: Dolores Vilavedra.

Desde que le fue concedido el Premio Nacional de narrativa en 1996 por su libro de relatos ¿Qué me quieres, amor? (ver servicio 112/96), Manuel Rivas ha encontrado un puesto singular y un creciente público entre los lectores en castellano, así como antes lo había logrado en la narrativa gallega. Entre sus otros libros destacan Un millón de vacas (1990) y En salvaje compañía (1994). En su última novela, El lápiz del carpintero, el autor da muestras de su habilidad estilística y poder de evocación con la historia de un preso republicano en la guerra civil española.

En una cárcel de Santiago de Compostela se encuentra detenido Daniel Da Barca, un joven doctor que derrocha humanidad y falta de prejuicios. Herbal, uno de los guardias, mantiene hacia él una curiosa relación amor- odio. Desde su infancia, ama en secreto a Marisa Mallo, ahora prometida del doctor. Algunos hombres, compañeros de presidio de Da Barca, son fusilados sin juicio en un breve periodo de tiempo. De una de sus víctimas, pintor de profesión, Herbal conserva un lápiz de carpintero. La novela sigue las vicisitudes del arresto de Da Barca: su preocupación por los demás presos, su cambio de destino a un sanatorio de Valencia y su traslado final a una cárcel de alta seguridad en la isla gallega de San Simón. Hasta su último destino, Herbal se las arregla para no separarse del doctor.

La novela tiene la virtud de señalar a la conciencia como motor superior de los actos humanos. El lápiz de carpintero será para Herbal algo así como la voz del Bien que susurra en sus oídos; por contra, el autor introduce otra voz interior, la del «hombre de hierro», dispuesto a inducirle siempre a las peores acciones. Dentro de este marco, Rivas no oculta una marcada tendencia política en la confección de los personajes, de modo que los valores positivos los reserva sólo para los republicanos perseguidos. La mayoría alimentan además un carácter profundamente anticlerical, lo que en ocasiones le sirve al autor para atacar a la Iglesia con ácida ironía. Son planteamientos más explicables en alguien que haya sufrido en la guerra civil que en un autor nacido en 1957.

El libro ofrece además alguna historia lateral de gran fuerza poética y embebida del aliento telúrico de tradición gallega. Quizá esta misma aura es causa también de que la novela deje un cierto regusto de desesperanza. La estructura es poco convencional: junto a los cambios de tiempo, de situación y de narrador, Rivas juega casi constantemente con metáforas, por lo que la historia exige una concentración adicional en el lector.

Pablo de Santiago

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