El invernadero

TÍTULO ORIGINALDas Treibhaus

GÉNERO

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RBA. Barcelona (2005). 189 págs. 16 €. Traducción: Carlos Fortea.

Wolfgang Koeppen (1906-1996) es uno de los escritores alemanes más importantes del siglo XX, en especial gracias a la trilogía “Palomas en la hierba” (1951), “Muerte en Roma” (ver servicio 164/02) y “El invernadero” (1952).

El libro es el relato de las últimas horas de la vida de Keetenheuve, diputado alemán en los primeros años de la posguerra. Keetenheuve es un hombre mediocre, que siempre ha visto la vida desde el “invernadero”, el mundo de los mecanismos del poder. A un lado del cristal, el “factum” de la vida, sudor, risas, lágrimas, sensualidad: la realidad. Al otro lado, los grandes números, la solidaridad universal, los proyectos a largo plazo, la burocracia, personas que han arribado a la dirección del país más por el flujo y reflujo de los tiempos que por dotes personales: una irrealidad que, paradójicamente, torna en irreal lo que está ahí fuera.

Keetenheuve se preocupa por el prójimo abstracto, mientras ha dejado hundirse en el infierno del alcohol y la perversión a su joven mujer, Elke, cuya memoria le persigue a lo largo de la novela. La vida de Keetenheuve es una huida de lo real y, sobre todo, de sí mismo. Entretanto, la máquina política continúa su marcha, en el fondo determinada sólo por ella misma, sin importar de qué color sea el que manda, porque sólo se requiere la habilidad de mantenerse a flote en el naufragio.

Koeppen muestra a un hombre sin sustancia, a merced de las acontecimientos, por medio de la inmersión en la corriente mental de Keetenheuve. Ideas, emociones, fantasías y deseos pasan a toda velocidad por la mente del protagonista a base de la yuxtaposición de frases separadas por comas, dando la impresión de que su identidad se reduce a un haz de sensaciones. El resultado es un estilo denso, tedioso, de largos párrafos de saltos mentales y asociaciones peregrinas, bien recogido en la traducción. Se trata de un verdadero virtuosismo literario.

Junto a ello, Koeppen hace gala de un penetrante análisis psicológico, y es capaz de retratar en una frase el alma de un hombre: “Pero él era en verdad un hombre de los de antes, un artesano de una familia de artesanos que había aspirado tempranamente al conocimiento, luego a la justicia y después, como el conocimiento y la justicia se habían revelado conceptos inseguros, difíciles de determinar y siempre de una magnitud entre relativa y desconocida, había aspirado al dominio y al poder”.

César González Cantón

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