El infierno digital

Anagrama.
Barcelona (1997).
393 págs.
2.900 ptas.
Traducción de Benito Gómez Ibáñez.

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Philip Kerr (Edimburgo, 1956) se inicia en el mundo literario con innovadoras aproximaciones al género policiaco, que enriquece con documentadas notas históricas -como las relacionadas con la Alemania nazi, el tema soviético- o con filosofía y literatura, todo ello hábilmente fundido con el tema futurista.

En esta línea se desarrolla El infierno digital, tecnothriller protagonizado por el superordenador Abraham que rige el más moderno rascacielos inteligente de Los Ángeles y en el que empiezan a producirse muertes misteriosas.

El suspense se construye con una mezcla de lo racional e irracional, con detalles técnico-informáticos y con una cascada de muertes cada vez más trágicas y sangrientas que recuerdan a los films catastrofistas de los años 70, aunque para estar en consonancia con los tiempos, la “bestia” sea un superordenador que no se limita a cumplir órdenes y que plantea razonamientos creyéndose Dios. En este punto, decepciona que el autor haya realizado un importante esfuerzo para documentarse en arquitectura e inteligencia artificial y sin embargo, en el aspecto religioso, cuando el ordenador establece una equivalencia entre su comportamiento asesino y el de Dios respecto de la humanidad, recurra a los tópicos más utilizados y que denotan una clara ignorancia teológica.

A esto, se suman una relación de personajes sin brillo, títeres del activismo y del materialismo más duro, que se manifiesta en un lenguaje soez, notas burdas de erotismo y ausencia total de valores positivos como la amistad, la fidelidad o la vida familiar.