El huerto de mi amada

Alfredo Bryce Echenique

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Planeta. Barcelona (2002). 286 págs. 19 €.

La novela ganadora del premio Planeta en 2002 refiere un escándalo de alta burguesía en la capital peruana a mediados del siglo XX. Un estudiante de diecisiete años, distraído y devoto, cae fulminantemente enamorado de una mujer de treinta y tres, divorciada, que asiste a una fiesta en casa de sus padres. A partir de ese día, y durante muchos años, serán amantes febriles, hasta que ella, ya con medio siglo de edad, busca otra vez emparejarse con un casi adolescente.

La obra no tiene un argumento original y el desarrollo de la acción se asemeja mucho, por la época, ambiente y ciudad donde transcurre, a otras novelas anteriores del autor. Transitando así por caminos ya conocidos, temáticos y estructurales, Bryce construye una novela fácil, con personajes de rasgos bastante convencionales y situaciones un tanto disparatadas. La apasionada relación de los protagonistas tiene como fondo un retrato irónico de la sociedad limeña de los años cincuenta, donde unos pocos disfrutaban de una vida de lujo y una clase media modesta y mestiza trataba de prosperar sirviéndose del arribismo, único recurso posible en un país estancado. La frondosidad del lenguaje, coloreado de localismos y con escaso recurso a los diálogos, recuerda formas expresivas barrocas más propias de décadas pasadas que del momento actual, aunque Bryce demuestra conocer y dominar el manejo de este tipo de construcciones gramaticales.

En definitiva, El huerto de mi amada acusa falta de elaboración de una problemática humana, denota más cuidado de la forma que del fondo y no logra ofrecer al lector una trama rica. Los recursos humorísticos, siempre tendentes a la caricatura, toman por objeto con frecuencia al protagonista masculino, cuyo intento de compaginar sus devotas prácticas religiosas con los abundantes disfrutes sexuales que comparte con su amante resultan ridículos.

Pilar de Cecilia