El horror

Álvaro del Amo

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Anagrama. Barcelona (1993). 213 págs. 1.700 ptas.

Una leve línea argumental -un campeonato de tiro de pichón en una capital de provincia que resuelve viejos conflictos del pasado en venganza y tragedia- sostiene el sutil y complejo entramado de El horror, novela finalista del Premio Herralde 1993. Cada uno de los seis capítulos es una pieza que sólo revela su sentido y su lugar en las últimas páginas del libro, donde, como en las intrigas policíacas, se resuelve el conflicto.

Su autor expone minuciosamente en cada capítulo unos cuantos elementos que hacen progresar la acción en el grado justo, sin concluir nunca lo que apuntan. Así, mantienen permanentemente la atención del lector y la incrementan a cada paso, porque, aún sabiendo más, no se adivina su destino final.

Además, desde un enfoque clásico de novela del siglo XIX, con planteamiento, nudo y desenlace, amores desdichados y personajes de toda la escala social, prácticamente cada capítulo es también una muestra de las diferentes formas que adopta la novela contemporánea y, a la vez, una burla de todas ellas. Hemos apuntado la intriga policiaca, pero asimismo tienen su sitio el folletín, el apunte social, la novela psicológica, la excursión histórica y el enfoque humorístico. Todo ello dominado por el tono distante e irónico del autor, que nunca agota las posibilidades del relato, y que queda de esa forma en una ambigüedad difuminadora de sus límites.

El horror es una novela muy bien escrita, un artificio literario con un estupendo ritmo y con resonancias cinematográficas. Es, en suma, un brillante ejercicio de estilo de Álvaro del Amo (Madrid, 1942), director de cine y teatro, crítico, guionista, autor de cuatro novelas más y uno de los novelistas españoles más apreciados actualmente.

Sin embargo, tras unos cuantos episodios, en ocasiones divertidos, queda un tono de amargura, una sensación de horror casi existencial, que surge del dolor y el desengaño de las vidas de sus personajes.

Pedro L. López Algora

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares