El hombre del abrigo

L'home de l'abric

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Destino. Barcelona (1998). 272 págs. 2.300 ptas. Traducción: Valentí Puig.

El año pasado, Valentí Puig recibió el premio Josep Pla por este ensayo sobre la figura del escritor ampurdanés, un sobresaliente elogio en el que reivindica su calidad literaria y su profundidad intelectual. En El hombre del abrigo, las referencias biográficas son mínimas, y sólo se mencionan aquellas que esclarecen algún asunto relacionado con su literatura y pensamiento.

Comienza acercándose a la relación de Pla con la lengua y con la historia de la literatura catalana. En este sentido, analiza su estilo y su preferencia por la observación antes que la invención. Puig destaca algo que no suele mencionarse: la preocupación de Pla por generar un público real y normal para la literatura catalana. El concepto que Pla tenía de ser escritor está en las antípodas de la visión romántica, bohemia y maldita que adoptaron con frecuencia los intelectuales del siglo XX.

Como periodista y escritor, Pla asistió como testigo a los momentos históricos más importantes de Europa. Llama la atención la desconfianza de Pla hacia aquellos sistemas políticos que pretendían instaurar un nuevo orden histórico y que acabaron cercenando la libertad del invididuo, y resultan especialmente premonitorias sus opiniones sobre el comunismo. El contacto con tanta muerte y tanta experiencia política frustrada hace mella en su pensamiento. Pla no cree ni en el progreso moral ni en el histórico, y es partidario de armonizar, desde un punto de vista político y filosófico, el orden con la libertad.

Curiosamente, que Pla se defina como conservador, en un sentido bastante profundo, siempre ha provocado ácidos ataques de sus detractores. Sin embargo, para Puig, “hoy por hoy, la idea hecha sobre Pla es que escribía bien pero era conservador. Para ser justos, quedan dos caminos por recorrer: o bien aceptar que escribe bien y a la vez es conservador -sin peros-, o suponer que si su obra es como es, no tendría explicación si no hubiese sido un escritor conservador”.

Adolfo Torrecilla

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