El hijo del acordeonista

Bernardo Atxaga

Alfaguara. Madrid (2004). 482 págs. 22 €.

La amistad de Joseba y David, dos niños vascos, se inicia a comienzo de curso en la escuela de Obaba, en septiembre de 1957, y se interrumpe en 1999 en California, con la muerte de David. Entre ambas fechas transcurre la novela, en torno a la vida del difunto, cuyo padre, entre otras ocupaciones, era un experto acordeonista.

La obra, premio de la Crítica de narrativa en euskera 2003, como en su día lo fuera “Obabakoak”, del mismo autor, es una novela de fondo marcadamente sociopolítico, apoyada externamente en la vivencia de los paisajes y las costumbres ancestrales del campo guipuzcoano. El hijo del acordeonista es un personaje simbólico de la generación del autor, nacido en 1951. Atxaga lo caracteriza con rasgos emblemáticos: familia materna nacionalista, padre españolista y franquista, rebeldía juvenil contra este último, adhesión a la lucha clandestina y exilio americano bastante acomodado, que no impide la pervivencia, al menos teórica y lejana, de antiguos ideales anticapitalistas.

El autor se mueve hábilmente en un terreno ambiguo que mezcla sentimientos, emociones e ideas sin afirmar o negar, aunque con evidentes simpatías abertzales. Pero la fuerte carga extraliteraria de la trama impone un desarrollo demasiado lento, una acción excesivamente detallada y unos personajes poco individualizados y no muy verosímiles en sus rasgos y en sus actos, por su función de prototipos. Todo ello repercute en detrimento de la calidad literaria de una novela comprometida cuya finalidad primordial no es artística ni creativa.

Pilar de Cecilia

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