El futuro de la fe

Rafael Gómez Pérez

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Fundación Universitaria San Antonio. Murcia (2004). 225 págs.

Profesor de Antropología y autor de una amplia obra, Gómez Pérez aborda el futuro de la fe cristiana con un tono realista y, por eso mismo, optimista. Tal y como lo describe, el espíritu del siglo XXI vendrá marcado por millones de personas que vivirán con un sentido religioso sencillo, directo y también ilustrado, porque la fe es siempre una visión superior. Y se dejará atrás la “falsa dialéctica entre lo ‘antiguo’ y lo ‘nuevo’”, porque, como escribió San Agustín, Dios “es el más joven de todos”.

De hecho, cuando se echa hoy un vistazo al planeta (primera parte), los datos nos muestran “Un mundo creyente”, donde los cristianos son un tercio de la humanidad -más de 2.000 millones de personas-, a los que debe añadirse el Islam que reza (unos 1.000 millones), además de los hinduistas, budistas, etc. En resumen, señala Gómez Pérez, “nada moviliza más a la gente actual como la religión”. Por eso, no resulta necesario ser profeta para afirmar que seguirá existiendo fe a lo largo del tercer milenio.

Ciertamente, un libro dedicado al futuro de la fe debe clarificar lo más posible el pasado de la fe. Así ocurre cuando, al subrayar los “Aciertos y errores de los cristianos” (segunda parte), el autor ofrece los trazos esenciales para situar en su contexto histórico fenómenos controvertidos como el poder temporal de la Iglesia, las Cruzadas, la Inquisición o la evangelización de América.

Llaman más la atención en el libro sus últimos capítulos, precisamente porque en este siglo XXI la fe tiene buen futuro. Gómez Pérez selecciona algunos rasgos que destacarán más en el cristianismo del futuro, sin pretender agotar todos los matices. Señala entre ellos que la fe es “ver más”, es tener un Dios Padre cercano, que desea ser amado y no temido; y, por ello, tener una “experiencia de la fraternidad” bastante más profunda que la ofrecida en las utopías.

Esencialmente, la persona humana debe re-descubrir a Cristo. “Parece superfluo intentar ahora descubrirlo -escribe Gómez Pérez-. Pero si se observa el panorama de los dos últimos siglos, el llamado ‘proceso de descristianización’, con un progresivo desconocimiento de quien más merece ser conocido, no es inútil leer de nuevo los Evangelios, que siguen siendo una novedad, una buena novedad”.

Rafael de los Ríos

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