El caso de los bombones envenenados

Lumen.
Barcelona (2011).
254 págs.
19,90 €.
Traducción: Miguel Temprano García.

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Anthony Berkeley (1893-1971) fue uno de los grandes escritores de novelas de intriga y misterio ingleses, junto a Dorothy L. Sayers, Agatha Cristhie, G.K. Chesterton y Edmund Crispin. Quizás sea menos conocido que los anteriores ya que sus novelas son más complejas e intelectuales, y aunque en su momento fue un autor muy popular, sus novelas son menos asequibles para aquellos lectores que en este tipo de novelas sólo buscan acción. Su sentido de la ironía, su escritura culta, la forma de plantear los casos y, sobre todo, la manera redonda de resolverlos hacen de él un verdadero maestro del género. Su creación más original fueron las novelas de intriga, doce en total, protagonizadas por el detective Roger Sheringham.

En El caso de los bombones envenenados, Sheringham es el presidente electo del llamado Círculo del Crimen, integrado por seis investigadores aficionados: cuatro escritores, un abogado famoso y “un hombrecillo amable de aspecto normal” que no sabe cómo es que le han permitido estar entre aquellas celebridades. La novela comienza con una reunión del grupo a la que también ha sido invitado Moresby, inspector jefe de Scotland Yard, quien les plantea el caso, que la policía no ha sido capaz de resolver.

Sheringham propone al grupo que cada uno investigue por su cuenta y les emplaza dentro de una semana para que cada uno aporte la solución. A partir de aquí cada capítulo es la intervención y solución planteada por cada uno de los miembros del Círculo del Crimen. Aunque cada solución es ingeniosa y casi todas satisfactorias, hay que llegar hasta el final para saber con claridad quién es el asesino. Y no solo eso, a lo largo de las intervenciones hay un agudo estudio psicológico sobre cómo puede ser el asesino y, también, sobre cómo deben escribirse novelas policíacas.

El método elegido por Berkeley es singular y original. Y aunque en la novela no hay propiamente suspense, lo más importante es el reto que el autor lanza a los lectores para que ellos se planteen también, con los datos que tienen, quién puede ser el asesino. Sorprendente.

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