El camino a la realidad

EDITORIAL

TÍTULO ORIGINALThe Road to Reality: A Complete Guide to the Laws of the Universe

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona (2006)

Nº PÁGINAS1.472 págs.

PRECIO PAPEL47 €

GÉNERO

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El prestigioso físico matemático Roger Penrose aborda en este libro una nueva forma de literatura científica. No es un libro técnico, ni una obra de divulgación, ni un tratado de filosofía de la ciencia, pero participa un poco de los tres géneros. Partiendo de un nivel de bachillerato, el autor intenta llevar al lector hasta el pináculo de la física teórica actual pasando por una introducción a las matemáticas relevantes para esta ciencia. El estilo es el que utilizaría para dirigirse a un grupo de amigos con cierta formación técnica en una prolongada serie de charlas de sobremesa, o más bien de distendidos “tea breaks” bajo los capiteles de Oxford.

En la práctica se trata de un extenso libro cuyo contenido completo sólo puede ser asimilado por personas de muy elevada formación en física y matemáticas. Sin embargo, también puede ser disfrutado por lectores menos especializados, pero suficientemente motivados, tales como estudiantes o profesionales de ciencias e ingeniería, o incluso humanistas con cierta preparación. Dependiendo de su formación, capacidad y paciencia, a ese lector medio se le escaparán muchos detalles técnicos, pero siempre podrá intuir e incluso saborear la belleza de los conceptos.

La primera mitad del libro está dedicada a un recorrido por las matemáticas necesarias para entender las cuestiones de física que se abordan en la segunda mitad, que son la cosmología, la física de partículas elementales y los fundamentos de la mecánica cuántica.

Como un filósofo de la naturaleza, Penrose reflexiona sobre los grandes enigmas, científicos o filosóficos, de la física: ¿Es real o meramente instrumental el sustrato matemático de las leyes físicas conocidas? ¿Por qué una medida cuántica arroja sólo un resultado de entre los muchos posibles? ¿Es posible la unificación de todas las fuerzas? ¿Se puede formular una teoría cuántica de la gravedad? También aborda el problema de la consciencia, cuestión que trató más a fondo en su anteriores “best sellers” “La mente del emperador” (Ed. Mondadori, 1991) y “Las sombras de la mente” (Ed. Crítica, 1996). Tanto entonces como ahora, Penrose especula de forma controvertida que, en su raíz, la consciencia está relacionada con la medida y la gravedad cuánticas.

Aunque Penrose reconoce que la física es en último término una ciencia experimental y que la belleza o consistencia matemáticas no pueden ser por sí solas una guía hacia las leyes de la naturaleza, el sesgo matemático del libro es abrumador, hasta el punto de que podría transmitir una visión deformada de la física como una rama de las matemáticas. Es cierto, sin embargo, que hasta el lector de mentalidad más empírica tendrá que inclinarse ante el majestuoso edificio matemático que articula nuestra comprensión de las leyes físicas y que Penrose describe de forma magistral.

La omisión de campos enteros de la física, como la física de la materia condensada, es comprensible si se considera el detalle con que aborda los diferentes temas en una obra ya de por sí muy extensa, pero está menos justificada si se atiende a la intención globalizadora del autor. En general, el libro acusa una visión excesivamente reduccionista de la naturaleza, según la cual el todo se reduce a sus partes. En la línea del resto del libro, la idea de emergencia, según la cual el todo es algo más que sus partes, podría haberse introducido a través de profundos conceptos matemáticos tales como el grupo de renormalización. Esta herramienta permite sistematizar la idea intuitiva de que, en un problema físico, los componentes básicos (“building blocks”) y las leyes que rigen su interacción dependen de la escala de longitudes relevante. Así, un ingeniero puede diseñar un puente ignorando la dinámica interna del núcleo atómico.

Con todo, el libro de Penrose es un fascinante recorrido por la física moderna y sus fundamentos matemáticos. Nos habla de certezas y de enigmas. No es conclusivo porque no puede serlo, porque todavía resta mucho por investigar y por comprender en el maravilloso mundo de la física. La lectura de “El camino a la realidad” nos recuerda que, cuanto más sabemos, más conscientes somos de lo que nos queda por conocer.