¡El autor, el autor!

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Anagrama. Madrid (2006). 495 págs. 20 €. Traducción: Jaime Zulaika.

Es natural que la vida vertiginosa de los artistas polémicos dé buenos resultados envasada en forma de “biopics”, biografías cinematográficas. Así lo prueban títulos recientes y galardonados como “Capote” o “En la cuerda floja”. Este formato sería impensable para acercarse a la obra de autores que se someten a estrictos horarios de trabajo y que poseen hábitos tranquilos y temperamentos comedidos, es decir, para los autores aburridos, todos aquellos hacia los que no se puede acercar a un público ávido de chismorreo.

El libro de David Lodge muestra que la ficción más reveladora, las tramas más sutiles y los personajes más brillantes pueden salir de la pluma de un escritor como Henry James, a quien horrorizaba la “sordidez bohemia” y que prefería observar e imaginar a corretear en busca de experiencia. Lodge crea, con los ingredientes austeros de su vida, una biografía ficticia, o si se prefiere una novela con elementos biográficos, que además de revelar mucho de la intención y el significado de la obra de James logra cierta tensión dramática.

“¡El autor, el autor!” comienza y termina con los últimos momentos de la vida de James, acompañado de amigos, familiares y sirvientes a los que de una manera u otra influyó su trabajo. La parte central está dedicada a los años de madurez del escritor: su triunfo como novelista con “El retrato de una dama”, su fracaso como autor teatral, sus relaciones con otros colegas (Du Maurier, Constance Fenimore Woolson, Oscar Wilde, Flaubert…) y sus esfuerzos creativos a caballo entre dos continentes, dos épocas y dos maneras distintas de entender el arte.

Como en un musical donde se busca integrar el sentido de las canciones en la historia, aquí la vida y la obra, la vida y las teorías literarias de James, se entretejen de un modo que nunca resulta forzado. Lodge lleva a buen puerto la empresa discutible de intentar explicar la creación de un artista a través de su biografía. La clave está en que el autor no se interesa por interpretar los textos como una prolongación de la psicología de Henry James sino por iluminar su obra valiéndose de algunos rasgos del carácter del escritor.

En la novela se ven los esfuerzos, la constancia y la seriedad con que James se empleaba en su trabajo, pero también su inseguridad y la necesidad de aprobación en un contexto en el que sus conocidos triunfaban con más alboroto y menos talento. Algunas obras que se mencionan en el libro y que en su tiempo ensombrecieron la producción de Henry James ya están olvidadas. Por el contrario, dice el autor, “James nos legó sólo una cosa: la palabra ‘jamesiano'”. Un adjetivo aplicado a unos textos fáciles de reconocer e imposibles de imitar, dueños de un estilo, la marca de la casa de la literatura auténtica. Nada menos.

También Henry James es utilizado como personaje de ficción en otro libro reciente, “The Master. Retrato del artista adulto”, de Colm Tóibín (Edhasa. Barcelona. 430 págs. 28,50 €), donde, al hilo de la biografía de James, el autor reflexiona sobre su personalidad. A diferencia de Lodge, Tóibín atiende más a su etapa adulta, a los años en los que James asume su papel en el mundo literario, después de una serie de tentativas estéticas que acabaron en fracaso.

Esther de Prado Francia

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