“El Alcázar” y “Nuevo Diario”. Del asedio al expolio (1936-1970)

Jordi Rodríguez Virgili

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Dossat. Madrid (2005). 485 págs. 35 €.

Si alguna vez aludo a que fui colaborador y editorialista de “El Alcázar” y “Nuevo Diario”, añado “de PESA”, para evitar malentendidos. Quizá alguien conoció el diario ultraderechista, franquista a machamartillo, que se cerró en 1987. Nada tenía que ver ideológica ni técnicamente con el diario del mismo título que protagonizó el mayor crecimiento en la España de los años sesenta, especialmente bajo la dirección de José Luis Cebrián. A su vera nació “Nuevo Diario”, que iba camino de convertirse en un periódico de referencia para las generaciones que no habíamos hecho la guerra civil. La suspensión arbitraria y posterior expropiación de “El Alcázar” a sus legítimos propietarios truncaron una experiencia de libre profesionalidad, a la que siguió el inevitable cierre de “Nuevo Diario”.

Los redactores y colaboradores acentuábamos la prudencia y los matices para sortear la censura previa antes de la ley de prensa e imprenta de 1966, y para evitar el secuestro del periódico después de la promulgación de ésta. Pero quedó pronto claro que el régimen de Franco, justamente quizá porque daba sus últimas boqueadas, no toleraba un margen de libertad y crítica que hoy puede parecer elemental.

Desde la mentalidad abierta de la España del siglo XXI cuesta mucho entender cómo fue posible todo aquello. Ésta es una de las misiones de los profesionales de la historia. El trabajo de Rodríguez Virgili ofrece datos suficientes sobre el trasfondo más político que cultural de los años sesenta, que ayudan a situar fundadamente la evolución de los dos periódicos estudiados.

Indirectamente arroja luces abundantes para conocer la vida española de esa época. Y el libro se lee de un tirón, al menos por quienes fuimos protagonistas, aun mínimos, de aquella apasionante aventura. Queda la nostalgia agridulce de no haber sabido ni podido adelantar la transición.

Salvador Bernal

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares