Dos chicas de Shanghái

Salamandra. Barcelona (2010). 347 págs. 19 €. Traducción: Gemma Rovira Ortega.

Pearl y May son dos jóvenes hermanas de la cosmopolita Shanghái de los años treinta del siglo XX. Su vida, plena de lujos y frivolidades, se desmorona cuando la fortuna familiar se va pique y casi al mismo tiempo estalla la guerra chino-japonesa. Entonces, las dos hermanas comienzan un penoso camino de supervivencia en las condiciones más extremas. A pesar de los obstáculos, Pearl y May nunca se separan, pues saben que, con sus diferentes temperamentos, dependen la una de la otra para reconstruir sus vidas.

La autora de El abanico de seda y El pabellón de las peonías ha reunido una interesante bibliografía sobre el Shanghái previo a la invasión japonesa y la II Guerra Mundial, y ha entrevistado a muchos chinos exiliados y acogidos en Estados Unidos. Dos chicas de Shanghái se puede calificar de novela histórica, aunque a veces la autora fuerce los hechos y los utilice como pretexto para que la novela no decaiga en ritmo e interés.

El libro, narrado en primera persona por Pearl, es un cúmulo de pasajes desgarradores, a la vez que la autora aprovecha las vicisitudes del argumento para describir no pocas costumbres chinas. Cada “pasaje-calamidad” parece que va a tener su eco en las reflexiones de la narradora, pero los abundantes detalles sobre el horóscopo y otros temas de sinología acaban por convertir su voz en una enciclopedia de proverbios chinos. Hacia el final, por fin, las reflexiones personales de Pearl se hacen un hueco y la autora consigue más autenticidad y que la novela recuerde en estos pasajes a El Club de la Buena Estrella, la exitosa novela de Amy Tan.

El libro subraya el valor de la unidad de la familia frente a los avatares del destino, así como la sinceridad y el reconocimiento de los propios errores para canalizar el sufrimiento. También hace alegato a favor de la vida de los niños no nacidos y de los enfermos incurables.

Una novela, en fin, de lectura fácil, en que la autora dosifica con acierto las intrigas familiares, pero a ratos cae en el melodrama o en la sensualidad, y a menudo se hace prolija en la presentación del marco histórico.

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