Dios, el diablo y la aventura

Javier Reverte

GÉNERO

Plaza & Janés. Barcelona (2001). 231 págs. 2.850 ptas.

Javier Reverte es bien conocido por sus libros de viajes. En este regresa a África en busca de las huellas de Pedro Páez, un jesuita español del siglo XVI, que fue el primer europeo en avistar las fuentes del Nilo Azul. Cuenta el autor en el prólogo que descubrió la figura de Pedro Páez por casualidad y quedó cautivado por su vida.

Aunque nacido en Castilla, Páez abandonó pronto España para ir a estudiar a Portugal. Quedó seducido por el espíritu cosmopolita y aventurero que existía en Portugal y por el recuerdo próximo de los grandes descubrimientos, que animaba a muchos jóvenes a embarcarse en busca de nuevos mundos. Todo esto, unido a su condición de sacerdote jesuita, le llevaron a hacerse misionero.

De Coimbra viaja hasta Goa, entonces posesión portuguesa. Reverte rememora muy bien los riesgos de las travesías por el Índico, dominado por los turcos y repleto de piratas a la caza de barcos cristianos. Gracias a su talante audaz, cuando Felipe II señala como próximo objetivo Etiopía, Páez será uno de los elegidos para emprender el viaje. Al jesuita le interesaba, como misionero que era, la conversión de los nativos, idea muy alejada de las ansias expansionistas y estratégicas que movían a Felipe II. Su primer viaje a tierras etíopes fracasó. Reverte nos describe ese primer intento fallido, en el que Páez es capturado por los turcos y sometido durante un tiempo a la esclavitud. Las consecuencias físicas del viaje fueron desastrosas y tuvo que estar durante largo tiempo convaleciente. Sin embargo, una vez recuperado, volvió de nuevo a intentarlo, esta vez con éxito.

Páez es, ante todo, un misionero valeroso que acude a Etiopía para convertir al catolicismo a sus gentes. Una vez allí, un hombre como él llama la atención del negus Za Denguel, del que se hará consejero y amigo. En la corte etíope, Páez desplegó sus buenas dotes diplomáticas y su gran cultura, llegando a conseguir la conversión al catolicismo de dos emperadores, lo que daría lugar a una crisis política.

El sacerdote se enamora de Etiopía, de sus gentes, de sus costumbres y hasta llegó a aprender diversas lenguas locales. Su atención a los católicos, su innovadora enseñanza del catecismo, la construcción de una gran catedral, sus debates religiosos en la corte etíope, donde convence a los doctores coptos, muestran una figura que incomprensiblemente ha pasado de forma silenciosa por los ojos de los historiadores.

Con amenidad y rigor, Reverte da un repaso de la historia de Etiopía -siguiendo el libro que Páez escribió-. El jesuita es, además, el primer europeo en avistar y describir detalladamente en sus libros el Nilo Azul. Reverte desmonta la farsa que urdió James Bruce, un escocés que se arrogó el mérito de ser el primer europeo en descubrir las fuentes del Nilo, un siglo y medio más tarde de que lo hiciera Páez.

Javier Reverte ha escrito un libro de hazañas y de viajes, de historia y de aventuras, con el telón de fondo de la vida de Pedro Páez. Sin embargo, en algunos pasajes ve la religión como un instrumento de los intereses políticos. La admiración que siente Reverte por el misionero español hace que el lector se sienta cautivado por las andanzas de este hombre desconocido y se pregunte si habrá muchos hombres tan geniales olvidados por la historia.

Josemaría Carabante

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