Diario

TÍTULO ORIGINALHet Achterhuis

GÉNERO

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Plaza & Janés. Barcelona (1993). 298 págs. 1.995 ptas.

Desde que viera la luz en 1947, el Diario de Ana Frank no ha cesado de publicarse en todo el mundo. La fuerza de su testimonio y la extremada juventud de su autora, lo convirtieron en un clásico de la literatura del siglo XX, muchas veces ponderado también como prototipo de lectura para adolescentes. La novedad de esta edición consiste en que incluye por primera vez el texto completo del Diario.

Ana Frank redactó su diario íntimo entre 1942 y 1944, en una etapa de su vida que abarca desde los trece a los quince años. En él cuenta sus dos años de encierro junto a otras siete personas en un intento por escapar de los nazis. Además de su valor como documento histórico, el diario es, sobre todo, la explosión del alma de su joven creadora, un alma llena de contradicciones e inseguridades adolescentes, pero a la vez dotada de una enérgica y rica sensibilidad. Los rigores inhumanos de la guerra y los inevitables roces de una convivencia forzosa e intensa, no impiden que a través de sus páginas se entrevean cierto vitalismo optimista y una animosa confianza en la bondad última del ser humano.

No es posible leer esta obra sin que constantemente aflore el recuerdo del trágico final de Ana y sus compañeros. Todos -salvo Otto Frank, el padre de Ana- murieron en los campos de exterminio nazis. Cuando se colocan los sueños de la joven escritora, sus pequeños pataleos, sus planes futuros, sus primicias amorosas, al rasero de su inmediato destino, el libro se transforma en una sobrecogedora metáfora de la existencia humana.

La nueva edición -una cuarta parte más extensa que la conocida hasta ahora- incorpora los párrafos que Otto Frank suprimió en su edición de 1947; concretamente los referidos al despertar sexual de la joven y aquellos en los que Ana, en momentos de tirantez o enfado, mostraba cierta aversión a su madre o a otros refugiados. También la traducción ha ganado en espontaneidad y refleja con mayor fidelidad la amalgama de tonos -tantos como los estados de ánimo de Ana- y las insuficiencias de estilo propias de la impericia de la autora.

Quizá la excelencia modélica del Diario se haya perdido. Se podría discutir sobre la oportunidad editorial, o sobre las inconveniencias educativas de la nueva versión. Sin embargo, la voz de Ana Frank -de una fuerza insólita para su edad- suena ahora más humana y verosímil.

Juan Manuel Joya

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