Diálogo sobre el Islam

José Antonio Galera

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Palabra. Madrid (2006). 275 págs. 15 €.

José Antonio Galera, rector emérito de la Basílica de San Miguel, de Madrid, aborda esta explicación de la religión islámica desde una doble perspectiva: la de su formación eclesiástica y la de su respeto por las costumbres del país donde nació, Marruecos, que le ha dejado una profunda huella de afecto, en buena parte compartida por cuantos españoles tuvimos la ocasión de residir largo tiempo en el vecino país.

Se nota que José Antonio Galera, además de sus experiencias personales, se ha documentado profusamente antes de ofrecer una completa información, sin afán alguno de exégesis, de lo que es el islam, sus raíces, su desarrollo a lo largo de los siglos, sus sectas y sus contradicciones internas, sin olvidar un necesario bosquejo biográfico del “enviado”, el profeta Mahoma.

El autor ha tenido, además, la habilidad de hacerlo en forma de entrevista periodística, estructurada de manera metódica, sumamente atractiva y didáctica. Y, como cabía esperar de un especialista en Derecho Eclesiástico y sacerdote, no desaprovecha la ocasión para examinar las complejas relaciones entre cristianismo, judaísmo e islam, para desarrollar, por último, las tendencias reformistas que se dan en el mundo islámico.

Cuando en uno de los capítulos el autor se pregunta por el sombrío futuro que, para algunos, puede deparar la intensa inmigración de musulmanes en una Europa cada vez más laicista, sorprende con una respuesta optimista: que los musulmanes, con su fervor piadoso, pueden estimular a los cristianos a ser más devotos practicantes… sin olvidar que pueden darse -y se están dando, con toda discreción- conversiones de musulmanes al cristianismo, gracias al contacto con bautizados que viven su cristianismo con fidelidad.

En este contexto, el autor recuerda la agradable sorpresa que tuvo cuando se enteró que el Papa Juan Pablo II había aceptado una invitación del entonces rey Hasán II para visitar Marruecos, donde se dirigió, en el estadio municipal de Casablanca, a una inmensa multitud de jóvenes estudiantes para decirles que “cristianos y musulmanes… creemos en Dios único que es la plenitud de la justicia y la misericordia; creemos en la importancia de la oración, del ayuno, de la limosna, de la penitencia y del perdón; creemos que Dios nos juzgará con misericordia al fin del mundo y esperamos que, después de haber resucitado, Él estará satisfecho con nosotros y nosotros con Él…”

Al final de aquel discurso memorable, Juan Pablo II dijo algo que ningún musulmán ni ningún cristiano debiera olvidar: “Por lealtad entre nosotros, debemos reconocer y respetar nuestras diferencias y, evidentemente, la fundamental que tenemos sobre la obra de Jesús de Nazaret”. Añadiré a título personal que el gran problema planteado a propósito del diálogo cristiano-islámico, es el profundo desconocimiento -cuando no desprecio- que existe entre los musulmanes a propósito de la religión cristiana. Mientras que los católicos, en cualquier país occidental, pueden estudiar el islam con plena libertad.

Manuel Cruz