Despedidas y encuentros. Memorias de la guerra y el exilio

Luka Brajnovic

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EUNSA. Pamplona (2000). 233 págs. 3.200 ptas.

No es fácil que un periodista croata se abra camino en un país de lengua y costumbres distintas, en medio de las convulsiones de la Europa de postguerra; más excepcional es que, como profesor universitario, consiga el reconocimiento y el cariño de muchas promociones de estudiantes de periodismo. Esta fue la trayectoria de Luka Brajnovic (1919-2001), que publicó estas memorias poco antes de fallecer en Pamplona, la ciudad donde rehizo su vida.

Quienes tuvimos el privilegio de conocer a don Luka en el campus de la Universidad de Navarra, sabemos que, durante la II Guerra Mundial, y como afirma explícitamente en estas páginas, por amar la justicia fue prisionero de los fascistas italianos que ocuparon su tierra, y de los que escapó; por amar la verdad, pasó una temporada en un campo de concentración titoísta, del que también pudo huir, y los partisanos comunistas le condenaron a muerte y le indultaron cuando ya estaba ante el pelotón de fusilamiento junto a otros dieciséis prisioneros que fueron ejecutados; y por amar la libertad fue considerado desertor y recluido en un campo de refugiados bajo vigilancia inglesa, del que, si no huyó, sí salió ilegalmente.

Para cuando se produjo este último episodio, Brajnovic -que estaba casado y era padre de una hija- ya se había exiliado de su Croacia natal: primero a Italia; tres años después a España (donde no faltaron dificultades que, por ejemplo, le obligaron a vivir un tiempo en una chabola); más tarde a Alemania, con el objetivo de reunirse con su familia, lo que lograría tras doce años de separación. Y, finalmente, a partir de 1960, se estableció en Navarra, cuya capital considera el autor “su casa” y cuya Universidad le acogió en su claustro de profesores.

Esta intensa peripecia vital, prolongada hasta principios del decenio de 1990 (el texto original está rubricado en agosto de 1994), en el que la desintegración de Yugoslavia revivió en la familia Brajnovic los horrores conocidos cincuenta años antes, es el objeto de estas memorias de la guerra y del exilio. Unas memorias en las que tampoco falta algún breve apunte de la trayectoria espiritual del autor y salpicadas de jugosas digresiones (sobre cuestiones tan diversas como la simbiosis entre el olivo y la cultura mediterránea; la literatura contemporánea; Navarra; la historia, el arte y el paisaje de los lugares visitados; la trayectoria histórica de Croacia, Serbia, Bosnia; y tantas otras) que la mayoría de las veces trasladan el protagonismo del relato a la realidad histórica que enmarca la biografía del periodista, escritor y profesor universitario que fue Luka Brajnovic.

Es -como escribe su primogénita, Elica, en el epílogo- un libro de “viejas heridas”, “ya serenas y hermosas”, en el que no hay amargura ni rencor. La clave podemos buscarla en el testimonio del propio autor, que reconoció haber pasado todos los días de su vida, desde los años de la guerra, “luchado positivamente contra el odio”. Unas páginas, en muchos momentos, vibrantes, conmovedoras, pero escritas sin concesiones al sentimentalismo por un hombre admirable que hasta el final de sus días amó la justicia, la verdad y la libertad.

Marta Onandía