Daisy Fay y el hombre de los milagros

TÍTULO ORIGINALDaisy Fay and the Miracle Man

GÉNERO

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Ediciones B. Barcelona (1993). 430 págs. 2.300 ptas.

La carrera de Fannie Flagg aparece desde sus comienzos íntimamente vinculada al mundo de la imagen; guiones televisivos o fílmicos como Vacaciones en el mar, Grease o, sobre todo, Tomates verdes fritos, avalan dicha actividad. En este su último título, la autora demuestra que es también capaz de destacar en el terreno puramente literario, aunque tampoco faltan razones para pensar en la facilidad de adaptación del texto al lenguaje cinematográfico.

Daisy Fay es una adolescente que explica en su diario el menudo quehacer de cada jornada, salpicándolo de reflexiones. Su vida se ambienta en una pequeña ciudad al sur de los Estados Unidos durante los años 50. El contenido de estas impresiones es variopinto: sus circunstancias familiares -hija única de un matrimonio en perpetua disputa-; el cariño por su gato; las travesuras/aventuras planeadas primero con sus amigos y más tarde con su padre, con el que se queda viviendo tras su separación matrimonial; finalmente, su participación en el concurso que le abrirá las puertas de la popularidad… Todo ello y mucho más es lo que aparece en el diario, en el que el lector contempla el paso de su protagonista de la niñez a la juventud.

La novela en forma de diario es vieja en la literatura; también lo es el presentar la acción vista desde la única perspectiva de un personaje. Pero esto no impide que la novela desborde espontaneidad y frescura, realismo y fantasía lúdica. Quizá lo más destacable de la novela radique en la perspectiva desde la que se contempla la acción, pues todo adquiere el tamaño de la pupila adolescente que contempla los acontecimientos, muchos de ellos deliciosamente artificiales. El estilo es chispeante, lineal, incisivo y lúcido en la captación de los menores detalles psicológicos.

Pero junto a todo ese ropaje de ingenua bondad natural, la novela deja traslucir el drama de un matrimonio roto por el alcoholismo de padre y la frívola vaciedad de la madre. La hija, que capta estas desavenencias y conoce además las aventuras extramatrimoniales del padre, se siente sin embargo querida por ambos y les corresponde sin el menor rencor, aunque no llega a comprender del todo las razones de su separación.

Subyace un trasfondo de amoralidad, aunque sin pormenores formales; lo importante no es tanto lo que se dice cuanto lo que se insinúa. La religión es tratada despectivamente, e incluso algún pasaje encierra una parodia jocosa improcedente. Pero también esto se configura dentro del marco de unos personajes excéntricos, sobre todo el hombre de los milagros.

Mª Victoria Jiménez Conde

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