Cuentos de fantasmas

Siruela.
Madrid (1996).
339 págs.
1.450 ptas.

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Montague R. James (1868-1936), director del colegio de Eton y decano del King’s College de la Universidad de Cambridge, fue uno de esos eruditos arquetípicos. En contraste con su vida tranquila y estudiosa, sus relatos de terror son un divertimento y una buena oportunidad para demostrar sus amplios conocimientos sobre antigüedades, arqueología, paleografía y filología, materias que le interesaron durante toda su vida.

La construcción del relato se basa en tres elementos que él mismo señalaba. En primer lugar, el cuento de fantasmas debe ser cronológicamente cercano a la época del lector. Al mismo tiempo, se busca una conmoción de tipo catárquico, ya que el sentimiento que debe suscitar el relato es el miedo, la piedad ante una desgracia presentida e inexorable. Por último, el medio más apropiado para evocar estas situaciones viene dado por la sencillez.

El punto de partida de la mayor parte de los cuentos es la curiosidad de algún personaje, un interés del que se deberán arrepentir luego: un viejo manuscrito, una antigua historia relatada al calor de la chimenea, el aviso sobre el peligro de algún lugar abandonado o un enigma cuya solución se busca, serán como una puerta de acceso al lado oscuro de la realidad. Todo tiene su cara y su cruz, nunca mejor dicho. Y esa puerta muchas veces conecta con un pasado latente y terrible que parece estar esperando a un curioso para volcar su malévola influencia sobre nuestros días.