Cuentos contados dos veces

Acantilado. Barcelona (2007). 474 págs. 28 €. Traducción: Marcelo Cohen.

Acabada su tarea universitaria y establecido con su viuda madre y hermanas en la, por tantos motivos famosa, Salem, Nathaniel Hawthorne (1804-1864) pretende -es una pretensión de los veinte años- vivir de la literatura. Su primera novela, que él mismo publicó de su bolsillo, fue un error literario y un fiasco económico. Prudente, va a escribir estos relatos durante y a lo largo de tres años seguidos, y a publicarlos en periódicos. Al haber tenido una discreta aceptación, consigue (1837) que se editen en forma de libro: Twice-told Tales. Antes los corrige o bien los reescribe. Quizá ese contados dos veces se deba a eso.

No es Hawthorne un autor divertido, sus trabajos no son para el entretenimiento inocuo. Más bien es un escritor comprometido consigo mismo: están presentes en toda su literatura los temas de la libertad humana, del misterio del mal, la sinceridad y la culpa, la inmortalidad del alma, la trascendencia… Evidentemente, es un autor herido por el amor a los demás, por el sufrimiento humano y el dolor, por la belleza de la creación…

En esta última vertiente -el atractivo de las cosas bellas- tiene Cuentos contados dos veces algunos escritos, bastantes, que son -eso son- un ejercicio, un entrenamiento, para que un escritor haga mano y la consiga más suelta en los siguientes relatos que tendrán tema, o, con el tema, también argumento (él mismo lo dice con franqueza en uno de sus relatos).

Otros son consideraciones filosóficas, morales o religiosas, a propósito de un hecho cotidiano observado. Unos cuantos, en fin, recrean la independencia de Nueva Inglaterra (la parte de América que él más conoce y en la que ha vivido). No exentos de vigor patriótico, casi predomina en ellos la melancólica duda ante la inseguridad de ciertas decisiones humanas, la nostalgia por lo que se va, porque el tiempo todo lo cambia y destruye… Y añade una leve y aguda ironía contra lo que hay de fanatismo y ceguera en ciertos aspectos de esta revolución.

Pero donde es sólo él mismo como artista/escritor es en los relatos con sus temas habituales, y con argumento, personajes… siempre llenos de vida. Twice-told Tales incluye algunos relatos tan bien acabados, tan perfectos y sugerentes que adquieren el imperecedero derecho a formar parte de cualquier antología. Es muy rico, preciso y variado el vocabulario de Hawthorne, que ha hallado la siempre adecuada y buena traducción de Marcelo Cohen.

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