Este breve ensayo constituye una lograda disección del fenómeno de las teorías conspirativas, que tanta actualidad tiene hoy. Respaldado por una amplia bibliografía sobre la materia, el autor lleva a cabo un análisis académico, pero que a la vez es accesible para el lector medio que esté interesado en entender cómo funciona este tipo de narrativas.
Siempre han existido conspiraciones y teorías conspirativas, pero con menos seguimiento que hoy. Es a partir de finales del siglo pasado y principios del actual cuando, ante su proliferación, el mundo académico empieza a mostrar un mayor interés por esta materia.
El autor describe el contexto del cambio de siglo, a partir del cual amplios sectores de las sociedades occidentales llegaron a percibir la globalización como un proceso incontrolable cargado de amenazas (enfermedades, terrorismo, crisis económicas, cambio climático, entre otras). Vivimos en lo que algunos autores han denominado la “era de la ansiedad”, dominada por la desconfianza y la sospecha. Las narrativas conspirativas responden a una demanda individual y colectiva de explicaciones tranquilizadoras que doten de orden este mundo, que ayuden a comprender acontecimientos desconcertantes (desastres naturales, atentados a gran escala, el sida, el covid-19, etc.) y a escapar de la incertidumbre.
Es en ese caldo de cultivo donde se produce una ampliación del campo de la credulidad y en el que cualquier acontecimiento imprevisto puede ser interpretado como producto de fuerzas ocultas, de conspiraciones. Y es ahí donde internet y las redes sociales se ofrecen como altavoces y aceleradores de saberes alternativos, y como agentes debilitadores de la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso.
Lo característico del conspiracionista de hoy no es que crea en tal o cual conspiración, sino que privilegia sistemáticamente la hipótesis de la conspiración (una única y gigantesca teoría, que relaciona y subordina a todas las demás) hasta detectarla por todas partes como la causa motriz de la historia. La mentalidad conspiracionista suele tener un marcado elemento narcisista en busca de autoestima: es capaz de dudar de las explicaciones que todos creen, de ver lo que otros no pueden ver, de desvelar lo que para otros permanece oculto.
El ensayo de Taguieff resulta de notable actualidad, especialmente cuando se refiere a aquellos gobernantes que propagan teorías conspirativas –al mismo tiempo que acusan a sus oponentes de protagonizar conspiraciones– como forma de sustraerse a críticas y responsabilidades, de justificar sus fracasos e incompetencia (externalización de las causas) y de descalificar o neutralizar tanto a oponentes como a supuestas fuerzas oscuras (élites, lobbies, poder académico caduco, fuerzas mediáticas, judicatura levantisca, etc.) Los ejemplos a uno y otro lado del Atlántico y del espectro político son demasiado obvios como para merecer un recuento.
En definitiva, se trata de un ensayo de notable interés y pertinencia para entender las dinámicas que proliferan desde principios de este siglo XXI ante el desorden de un mundo en cambio y la ansiedad que genera una realidad cada vez más compleja e ininteligible.