Carta sobre la democracia

Salvador Giner

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Ariel. Barcelona (1996). 196 págs. 1.500 ptas.

El conocido sociólogo desciende a un terreno epistolar y se dirige al gran público para conversar sobre algunos puntos de la realidad -o quizá, mejor, idealidad- democrática. Todos los puntos que toca son interesantes: la autoridad, los impuestos, las ideologías, la libertad, la igualdad y la fraternidad, la corrupción de la democracia. Y el estilo es muy al ras de tierra, con consideraciones que se pueden fácilmente entender.

Dos defectos, junto a indudables méritos, aquejan al libro. El primero, la ausencia de referencias concretas a la democracia en España. Así, que en el capítulo de la corrupción no se diga nada de la experiencia de los últimos años es, cuanto menos, curioso. Si se quiere acercar la práctica política al lector corriente habría que dar ejemplos concretos. Y más, quizá, por parte de un sociólogo.

Otro defecto es la ausencia de una fundamentación de las virtudes democráticas. Se habla de ellas, pero como simples postulados, como algo que queda bien. La visión, ya conocida, que Giner tiene del hombre es sólo inmanente a la historia, sin ningún tipo de apertura a la religión. Pero los valores democráticos, más o menos secularizados -aunque nunca del todo- tienen mucho que ver con una concepción religiosa de fondo.

El libro está lleno de buena voluntad, de moderación y de sentido común. Resulta, pues, valioso, si se le compara con los extremismos de diversos signos. Pero la democracia, siendo un bien, no es un fin en sí misma. Está al servicio del hombre. Y depende mucho de qué concepción se tenga del hombre.

Rafael Gómez Pérez

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