Calle menor

Carlos Villar Flor

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Sial. Madrid (2004). 368 págs. 18 €.

Si a uno le dicen que la novela Calle menor, de Carlos Villar Flor (Santander, 1966), cuenta la historia de una apuesta entre dos estudiantes universitarios para ver si la profesora de Latín reacciona o no ante sus incitaciones eróticas, tal vez piense en una trama de espionaje sexual más o menos divertida. Pues sí: esta novela es eso y más. Es el relato de una aventura erótica, contada sin concesiones a la sensualidad morbosa; pero es mucho más, porque la profesora y sus alumnos se encuentran en un contexto social concreto y en unas situaciones existenciales muy diversas finamente retratadas. Esto nos permite asomarnos al alma de unos personajes aparentemente anodinos, pero conmovedores por las ilusiones y los fracasos con que cada uno carga.

Mientras se cuenta la historia de la llegada de la joven doctora Oria Carrera a la Universidad de Lontana (que viene a ser el nombre imaginario de Logroño), el autor realiza una animada crítica del provincianismo cultural, que puede introducirse hasta la médula de la misma vida universitaria y abortar su natural vocación de apertura a la realidad más universal. A la vez, y puesto que provincianismo es aislamiento, aislamiento que deforma gravemente la realidad propia y ajena, el autor ejerce un profundo análisis psicológico de la soledad y de las barbaridades que unos individuos aparentemente normales pueden cometer para vencer esa angustia de estar solos.

Estamos ante una novela de aventuras urbanas y universitarias, pero, sobre todo, ante una novela que intenta llegar al fondo de la angustia existencial y trata de proponer -a raíz de los hechos narrados, nunca explícitamente- algunas soluciones. El punto de vista del narrador, que habla en tercera persona, se acerca y se aleja de los personajes, y permite ajustar la mirada según lo requiera la compasión o el sarcasmo. Sobra, a mi entender, el epílogo metaliterario que trata de explicar las difíciles fronteras entre la realidad de los hechos y la ficción de la novela, pues nos aparta excesivamente, justo al final, de la dramática experiencia vivida. Pero ello no obsta para que el autor, en esta su primera novela, ofrezca una lúcida exploración de la aventura que se esconde en la vida más cotidiana.

Carlos Javier Morales