Caídos, víctimas y mártires. La Iglesia y la hecatombe de 1936

Espasa. Madrid (2008) 519 págs. 22,90 .

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Vicente Cárcel es un muy notable historiador, autor de libros fundamentales para conocer la historia contemporánea de la Iglesia en España. Entre sus campos de especialización está el periodo correspondiente a la II República y la Guerra Civil.

El libro está compuesto por diversos estudios precedidos de una amplia introducción que tiene por título “Contexto histórico (1931-1939)”. La segunda parte está dedicada a las “Víctimas ilustres de las dos represiones”, sección quizá un poco heterogénea. La tercera tiene por título “La Iglesia contra la represión de los nacionales”, centrada en la acción de la Secretaría de Estado de la Santa Sede para impedir una dura represión con posterioridad a la capitulación del Ejército Vasco. Se estudia también la intervención de Monseñor Olaechea, obispo de Pamplona, a favor de detenidos por el bando nacionalista español. La cuarta parte está dedicada a la “Memoria Histórica Católica”, con dos capítulos uno dedicado a la persecución religiosa y el segundo a los mártires de la fe cristiana.

El valor de este libro radica, en buena parte, en la documentación utilizada como consecuencia de la apertura en el Archivo Secreto Vaticano de los años correspondientes al pontificado de Pío XI. Son especialmente valiosos los documentos de la nunciatura de monseñor Tedeschini y de la misión diplomática de monseñor Antoniutti. El autor utiliza un documento excepcional del Archivo de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios que está constituido por los apuntes autógrafos del cardenal Pacelli con ocasión de sus audiencias privadas con Pío XI.

La documentación empleada le permite hacer aportaciones importantes y nuevas, que proyectan luz sobre el complejo entramado de relaciones sobre la política religiosa de los gobiernos republicanos, del general Franco, la actitud de los obispos de España y la Santa Sede, y de modo muy especial del Papa Pío XI y del cardenal Pacelli, secretario de Estado.

Considero que una documentación tan excepcional y la posibilidad de decir cosas nuevas, como de hecho ha conseguido el autor, ha influido en el ánimo de Cárcel Ortí y condicionado, en cierta medida, la redacción del libro que en algunos momentos parece escrito con cierta prisa y en algunos enfoques se presenta como un libro que trata de mantener unas tesis que el autor parece formular previamente.

Un libro tan importante debería estar muy cuidado en todas sus afirmaciones; parece poco oportuno escribir: “Esta revolución…preparó el clima que llevaría en febrero de 1936, tras unas elecciones anómalas, a la formación de un Frente Popular” (p. 29). Da la impresión que no se tiene en cuenta que la formación del Frente Popular es anterior a las elecciones. Esto nos lleva a apuntar que hay algunas páginas en las que el autor cuestiona o niega lo que ha dicho poco antes y que una lectura pausada hubiera evitado.

Los capítulos dedicados a la persecución religiosa y a los mártires de la fe cristiana muestran de un modo excelente la crueldad de la persecución desatada en la zona leal a la República y el testimonio de coherencia con su fe de todos aquellos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y laicos que sellaron con su sangre la fidelidad a la fe que vivían.

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