Breve historia de Inglaterra

TÍTULO ORIGINALA Short History of England

GÉNERO

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El Acantilado. Barcelona (2005). 256 págs. 15 €. Traducción: Miguel Temprano García.

“Se habla mucho de la perspectiva histórica -dice Chesterton en la conclusión de este libro-, pero a mí me parece que hay demasiada perspectiva en la historia, pues la perspectiva hace parecer gigantes a los pigmeos y pigmeos a los gigantes. El pasado es un gigante visto en escorzo cuyos pies miran hacia nosotros, y a menudo son pies de barro”. De acuerdo con eso, Chesterton cuenta la historia de su país sin fechas, procurando centrarse no en los hechos sino en “la importancia de los hechos”. Después de indicar en su introducción que “los aspectos más olvidados de la historia inglesa no son pequeñas cosas oscuramente veladas por los especialistas, sino grandes cosas que estos ignoran”, dedica dieciséis capítulos a distintos periodos de la historia de su país.

Uno de sus intereses principales es desmontar los prejuicios tontos de quienes se creen superiores a sus antepasados. Por eso subraya que si tenemos una imagen bárbara de los primeros siglos de la historia, en parte se debe a que algunos historiadores sólo cuentan la vida de los destructores profesionales y se quejan después de que todo sea destrucción. También incide mucho en que si se intenta dar explicaciones históricas prescindiendo de la fe cristiana no se comprende casi nada, y señala cómo hay un “elemento en la Iglesia, almacenado como dinamita entre sus primeros cimientos”, que continuamente renueva el mundo, y ahí están los casos de Tomás Beckett y Tomás Moro.

Se ve que Chesterton tiene particular interés en reivindicar la Edad Media, sobre la que hace muchas consideraciones jugosas. En concreto, véase su afirmación de que los sindicatos actuales son “un fantasma de la Edad Media”: “Los viejos gremios, con un mismo objetivo igualitario, exigían de manera perentoria la misma nivelación de los pagos y contratos que tanto se les reprocha hoy a los sindicatos. Pero también exigían, cosa que los sindicatos no pueden hacer, una destreza incomparable que todavía hoy asombra al mundo en las esquinas de los edificios en ruinas o en los colores de las vidrieras rotas”.

Sin duda apreciará más esta obra quien más conocimientos tenga de las cuestiones históricas que sobrevuela. Pero, en cualquier caso, los enfoques de Chesterton proporcionan una visión profundamente realista sobre muchas cuestiones, y nos ayudan a reconocer ciertas actitudes que se dan también aquí y ahora. Por ejemplo, cuando habla de un gobierno que “tuvo que recurrir al sencillo procedimiento de calmar a la gente con promesas y después quebrantar, primero las promesas y luego a la gente, tal como hemos visto hacer tantas veces a los políticos actuales”. O cuando nos dice que “los patriotas suelen ir por detrás de su época, pues, acostumbrados a vigilar a sus viejos enemigos, descuidan a los nuevos”.

Luis Daniel González

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