Bien educados

La urbanidad, herramienta para el cambio social

Ben educatsPaidós. Barcelona (2006). 131 págs. 10 €. Traducción: Montse Florenciano.

Publicado en catalán en 2004, “Bien educados” (1), el nuevo libro de Salvador Cardús (1954), lleva por subtítulo “Una defensa útil de las convenciones, el civismo y la autoridad”. Cardús es profesor titular de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de ensayos sociológicos, algunos relacionados con el mundo educativo, como “El desconcierto de la educación”.

Cardús pertenece a un progresismo pedagógico que se muestra especialmente sensible con la deriva que ha tomado la educación, territorio donde no se han cumplido las numerosas expectativas de transformación educativa y social que se proponía la LOGSE.

“El propósito de este libro es reivindicar la buena educación, la educación cívica, la civilidad, si se quiere; en definitiva: llevar a cabo una defensa de las formas al servicio de un proyecto social de progreso”. Cardús constata que los alumnos españoles y la sociedad en general rechazan las convenciones sociales de lo que entendemos por buena educación como consecuencia de una enseñanza equivocada. Este enfoque ha idealizado una espontaneidad que no conduce a ningún lado y ha favorecido un rechazo de la autoridad que ahora se echa en falta.

Los responsables del desaguisado son, según Cardús, una generación de profesores y padres que, educados en el franquismo, no han querido educar a sus alumnos e hijos en esos mismos valores, confundiendo el intrínseco valor de las formas y de las convenciones con una herramienta pedagógica del franquismo sociológico. Sus consecuencias negativas están hoy a la vista, afirma Cardús, quien, a diferencia de Ricardo Moreno, evita en todo momento caer en un análisis catastrofista.

Resulta llamativo el interés del autor por dejar bien claro que su defensa de la urbanidad no puede ser tachada de pasión conservadora o reaccionaria. Al contrario, para él la defensa hoy día de estos valores cívicos es señal de progresismo social y político. Sin embargo, salpicar estos valores cívicos con tantas reminiscencias ideológicas supone un lastre para el ensayo de Cardús. Lo molesto no son las opiniones discutibles, sino el tono de superioridad moral, habitual en algunos ensayistas que creen abanderar el progreso.

Aun con estas objeciones, este ensayo refleja la necesidad muy extendida hoy día en los ambientes educativos, de trabajar por la recuperación de nociones básicas de buena educación. Por eso, subraya una y otra vez que la buena educación, la educación cívica, la educación para la convivencia debe partir de estos supuestos formales, convenciones sociales que tienen un gran valor formativo. Como él escribe, “el fondo de las personas se educa con unas formas adecuadas y se expresa mediante las mismas”, y “la educación, para ser eficaz, necesita una autoridad visible”.

Adolfo Torrecilla

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