Bajo la misma estrella

Nube de Tinta.

Barcelona (2012).

301 págs.

15,95 € (papel) / 10,99 € (ePub).

Traducción: Noemí Sobregués.

Adolescentes-Jóvenes.

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Novela notable, tanto literaria como humanamente. No es nada fácil hablar de chicos con cáncer: por eso, los defectos que se le pueden encontrar a un relato así no deben ocultar que, cuanto más complicado es un tema, más fácil es confundirse pero mucho más mérito tienen los aciertos. La acción se desarrolla en Indiana y se cuenta la amistad entre Hazel, una chica bajita de dieciséis años con cáncer de tiroides con metástasis en los pulmones y que ha de ir a todas partes con una bombona de oxígeno, y Gus, un chico de diecisiete, jugador de baloncesto, que, a consecuencia de un osteosarcoma, tiene una sola pierna.

Se conocen en un grupo de apoyo para chicos jóvenes que tienen cáncer. Consiguen viajar a Holanda para cumplir el sueño de Hazel: conocer a Peter van Houten, un escritor cuya única obra, también acerca del cáncer, es la que más ha ayudado siempre a Hazel.

El punto a favor de la novela es que Hazel es una narradora sarcástica y cautivadora. En el debe hay que poner que, con frecuencia, los acentos de Hazel solo pueden ser adultos, pues da en el blanco una y otra vez, sea con la brusquedad juvenil, sea con armas literarias sofisticadas (por ejemplo, puede recitar de memoria poemas de T.S. Eliot). También la construcción de su relato es demasiado equilibrada, pues pasa con toda fluidez de momentos de dulzura y amabilidad a otros de cardo borriquero mucho más graciosos, con lo que dice lo que muchos desean oír al mismo tiempo que compensa cualquier blandenguería.

Otra cualidad es el ataque demoledor a tantas afirmaciones de psicología barata de autoayuda tan propias de nuestro tiempo y tan vacías. Ciertamente, la misma búsqueda de realismo y de contrarrestar cualquier ternurismo, conduce a momentos burdos, de lenguaje y de comportamiento, y a momentos de iniciación sexual, que parecen no encajar del todo en la clase de narradora, también tan literaria, que es Hazel: para mí que se los callaría. Otra más es que los padres de los protagonistas son personas entrañables, lo cual, para quienes estamos acostumbrados a los padres rígidos y las madres autoritarias tan frecuentes en las novelas juveniles, no deja de ser un descanso y un motivo de aplauso. También, las conversaciones sobre el más allá de la muerte son inteligentes y respetuosas aunque no tengan el alcance de Blanca como la nieve, roja como la sangre, otra novela de chicos con cáncer (pero italianos, no norteamericanos).

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