Autores, libros, aventuras

Acantilado. Barcelona (2010). 208 págs. 20 €. Traducción: Isabel García Adánez.

AUTOR

TÍTULO ORIGINALAutoren/ Bücher/ Abenteuer. Beobactungen Und Erinnerungen Eines Verlegers

Entre los requisitos que el editor Kurt Wolf apunta para dedicarse a este oficio destaca los siguientes: “capacidad de distinguir entre lo auténtico y lo que carece de autenticidad, lo original y la imitación, así como cierto olfato y sensibilidad para captar las tendencias esenciales y progresivas de su tiempo”.

En las editoriales que dirigió, tanto en Alemania como en Estados Unidos, Wolf (1887-1963) intentó ser coherente con esta manera de entender una profesión que a lo largo del siglo XX sufrirá radicales cambios que afectan a la estructura de la industria editorial y al concepto mismo de editor, algo que ya intuye Wolf: “Uno edita o bien los libros que considera que la gente debería leer, o bien los libros que piensa que la gente quiere leer. Los editores de la segunda categoría, es decir, los editores que obedecen ciegamente al gusto del público, no cuentan”.

Wolf se decanta por el otro tipo de editor, aquellos que “intentamos entusiasmar a los lectores por aquello que nos parece original, valioso desde un punto de vista poético, progresivo, sin importarnos si es fácil o difícil de entender”. Wolf, junto con editores de la talla de Siegfried Unseld, representa en el siglo XX una manera de trabajar donde lo más importante era la estrecha relación que mantenía con los autores, a los que “después de todo, no se les seduce únicamente a base de ricas comidas, cócteles o anticipos elevados”.

Lo que Wolf persiguió durante toda su vida era la creación de un catálogo que respondiese a su consideración de lo que debe ser la literatura. Para él, “la imagen que refleja mi editorial, cual si fuera un espejo, es la que más se acerca al espíritu y al corazón de mi tiempo en toda su pluralidad de manifestaciones, en su histeria y bizarría, en su anhelo de hermanamiento y bondad, en su amor al hombre y su odio al burgués”.

Tras cursar estudios de germanística en la Universidad de Leipzig, comenzó a colaborar con el editor Ernst Rowohlt hasta que en 1913 fundó su propia editorial, que duraría hasta 1930 en que decidió cerrarla. Durante esos años, Wolff se convirtió en un editor de referencia. En su editorial publicaron importantes escritores en lengua alemana: Max Brod, Franz Werfel, Walter Hansenclever, Georg Trankl, Robert Walser, Gustav Meyrink, Heinrich Mann, Karl Kraus y hasta Franz Kafka, autor que en esos años era un escritor desconocido y poco valorado por la crítica, aunque su editor siempre confió en su literatura y en sus posibilidades, como se puede apreciar en la correspondencia entre el autor y editor que se incluye en este libro y que sirve para conocer bastante bien las personalidades tanto de Kafka como de Wolf. En 1933, Wolff abandonó Alemania y vivió en Londres y Niza hasta que en 1941 se instaló en Estados Unidos, donde reemprendió su actividad editorial fundando en primer lugar la editorial Panteón Book y más tarde, en 1961, Helen & Kurt Wolff Books.

Autores, libros, aventuras no es propiamente un libro de memorias. Reúne diferentes escritos del autor, algunos póstumos, y una serie de charlas radiofónicas donde Wolf hizo un repaso de su actividad como editor. Especial atención dedica a sus inicios como editor y a la relación que mantuvo con tres importantes escritores de aquellos años: Carl Sternheim, Franz Kafka y Karl Kraus. También se incluye una mini-biografía y una lista de los autores y obras publicadas durante su actividad profesional. Como otros libros escritos por editores de prestigio internacional y nacional, como Siegfried Unseld, Einaudi, Gallimard, Feltrinelli, Jasón Epstein, Andrei Schiffin, Mario Muchnik, Rafael Borrás, Ester Tusquets, Jorge Herralde…, el concepto del trabajo de editor está en las antípodas, por ejemplo, del de Michael Korda (ver Aceprensa 15-6-2005), durante treinta años director de la editorial Simon & Schuster y editor que encarna esa manera de editar obsesionada por satisfacer los gustos del público.

Wolf, por el contrario, basa el éxito de su trabajo editorial en el entusiasmo y el gusto: “Por buen gusto no sólo entiendo la capacidad de juzgar y de detectar la calidad de una obra literaria. El buen gusto debería comprender también un sentimiento de seguridad con respecto a la forma -formato, composición, tipo de letra, encuadernación, camisa- en la que debe presentarse un libro. El gusto literario, por otra parte, tiene que estar unido al instinto para saber si un libro tendrá acogida entre una minoría de lectores o si su tema y su forma resultan adecuados para un círculo amplio”.

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