Atando cabos

Tusquets.
Barcelona (1995).
345 págs.
2.500 ptas.

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Esta novela –segunda de su autora– ha obtenido premios muy prestigiosos de Estados Unidos: el Nacional, el Faulkner (1993) y el Pulitzer (1994).

Una infancia trágica, un físico poco agraciado, una esposa que le engaña, dos hijas, el suicidio de sus padres, la muerte de su mujer en un accidente… forman el pasado de Quoyle, un hombre acomplejado y bondadoso, que no comprende por qué su vida parece abocada al fracaso.

La autora relata unos pocos años de la vida de Quoyle: las menudencias diarias capaces de redimir a una persona y descubrirle poco a poco el camino de la felicidad. En busca de una nueva vida, el protagonista decide abandonar Estados Unidos y viajar a Terranova para instalarse en la “Punta de los Quoyle”, morada de sus antepasados. Allí vivirá con sus hijas y con Agnis Hamm, una tía suya, hermana de su padre. Poco a poco el lugar comienza a influir en su ánimo. Consigue trabajo en el periódico de la localidad, y pronto traba amistad con los redactores. Sus hijas comienzan a ir a la escuela. Sucesos más personales como la revelación del secreto de Agnis Hamm, la recuperación del amor perdido y el equilibrio familiar van calando lentamente en el ánimo de Quoyle, que comienza a liberarse de sus fantasmas.

El proceso de recuperación viene marcado en gran medida por la influencia de la naturaleza. Annie Proulx ha recreado el ambiente con notable lirismo, dando muestra de una especial ternura hacia el ser humano. Con impresiones casi fotográficas, describe las labores pesqueras, el embrujo del mar y la vida cotidiana de un pueblo ancestral que mantiene sus tradiciones a través de los siglos. La novela, salvo algún pasaje sorprendente e incluso mágico, está constituida por multitud de anécdotas sencillas cuidadosamente engarzadas. A Quoyle, una vez que ha encontrado su lugar en el mundo, sólo le resta atar esos cabos para reconstruir su vida.