Ardor guerrero

Alfaguara.
Madrid (1995).
385 pág. 2.600 ptas.

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En 1979, con 23 años, un joven Muñoz Molina (Úbeda, 1956), universitario izquierdista, viaja a Vitoria donde comienza su servicio militar. Ardor guerrero es el relato autobiográfico de esa etapa militar que -según el tópico- tanto se recuerda y se rememora, con versiones para todos los gustos. Su carácter memorialista le aleja tanto del ajuste de cuentas como del halago o de la mera ficción novelesca, aunque parezca que se subraya más lo primero. Sin embargo, la novela no es más que una visión literaria, a veces exagerada, de la mili desde abajo.

Pero esta novela es más que el relato de una experiencia, sórdida en ocasiones. Ardor guerrero también es la constatación lúcida de una situación política y social especialmente difícil en el País Vasco y en España (poco después se frustró el golpe de estado de 1981). El lector no encontrará un testimonio monolítico, sino el de quien, sin renegar de sus planteamientos de izquierda, también es profundamente crítico con algunos aspectos como la droga, cierto tipo de delincuencia o el permisivismo moral, tenidos entonces como avances progresistas, o con las posteriores manifestaciones de falso brillo social de la década de los ochenta.

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