Apuntes del natural

Gonzalo Calcedo

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Páginas de Espuma. Madrid (2002). 125 págs. 11,04 €.

Apuntes del natural es el quinto libro de cuentos de Gonzalo Calcedo (Palencia, 1961); atrás quedaron Otras Geografías, Liturgia de los ahogados, Esperando al enemigo y La madurez de las nubes, con relatos que defendieron su calidad (y su fortuna) en la lotería profesionalizada de los concursos de cuentos españoles. Calcedo es un cuentista insuficientemente leído, quizá porque no firma en periódicos ni revistas de fin de semana o, simplemente, porque aún no ha escrito una novela (en castellano, sólo se admite la excepción de Borges). No faltarán también reticencias por su modo de contar, con esa concisión que obliga al lector a un esfuerzo, a leer un poco más entre líneas. Barrera suficiente (¡lástima!) para tantos que esperan la obviedad en un género de sugerencias y golpes (Hemigway habló del K.O. para el cuento).

Apuntes del natural tiene poco del costumbrismo o de la pincelada que anuncia la contraportada. En este combate de veintiún asaltos Calcedo adensa y consuma una tendencia cada vez más depurada en su obra, con ecos transatlánticos de Cheever y Carver, que impone la precisión de la palabra justa, la recreación del ambiente cerrado, la reflexión sin salida aparente, la dificultad de comprender al prójimo o comunicarse con la persona amada, la decadencia del tiempo que erosiona las ilusiones antes aún que el cuerpo…; y esa introspección a partir de nimiedades, cuando los detalles de las cosas se confunden con la memoria, los compromisos o las ansias soterradas, y hay cantos rodados, trozos de cristal tras romper los espejos, cartas abandonadas: objetos ligados a la percepción de la realidad y al examen de conciencia.

En los cuentos de Calcedo, la vida, por momentos, parece un regalo inútil, y se convierte en ese trasto enorme y ajeno del que el personaje no se puede deshacer, porque es incapaz de librarse de él mismo o de su pasado. Y así aparecen tipos extraños para sí mismos captados en una etapa crucial de su éxodo, en escenas mínimas o cambios de rumbo, y se ofrece una dimensión más profunda del alma del personaje con la que el lector se encuentra inevitablemente; la galería no da opción: la adolescente temerosa, la mujer engañada por el marido dispuesta a soportarlo todo, el padre derrotado ante su hijo, el profesor acabado…

Tres cuentos ejemplares: “Serrín en el cabello”, “Cantos rodados” y “No andes descalzo por casa”. La vida es triste y con el irreparable paso del tiempo disuelve como el ácido cualquier ilusión, cualquier esperanza, pero en ese hastío se aprecia un reconocimiento de valores excepcional: “Por el humo se sabe dónde está el fuego”. El dicho popular puede aplicarse en Apuntes del natural; en la tristeza cabe comprender la alegría; en la desesperanza, la esperanza. En la búsqueda, en la incomprensión asoma la necesidad de hallar salidas. De momento, los cuentos de Calcedo son entradas a lo mejor del cuento contemporáneo en España.

José Antonio Pérez Aguirre

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