Año cero. Historia de 1945

Pasado y Presente.

Barcelona (2014).

385 págs.

29 €.

Traducción: David León.

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 43/14

Las guerras no terminan ni con capitulaciones ni con victorias; concluyen con tanta desolación y producen tanta miseria que recomenzar no es tarea fácil: esta podría ser la conclusión de Año Cero, el intenso y exhaustivo recorrido por 1945 y la inmediata posguerra que propone Ian Buruma, reconocido historiador holandés. Keith Lowe estudió los efectos devastadores de la Guerra Mundial en Continente Salvaje y, aunque tienen algunas semejanzas, Buruma se centra exclusivamente en el año de la victoria y explica la situación en otros países no europeos, como Japón, China o Estados Unidos, entre otros.

Buruma ha sabido recoger las impresiones cotidianas de quienes vivieron el final de la guerra y rescata testimonios que con frecuencia se pasan por alto en las narraciones históricas. Los protagonistas son los hombres y las mujeres que se encontraron con la devastación y pelearon por continuar y reconstruir sus vidas. El historiador los utiliza para interpretar los hechos y realizar en algunos casos consideraciones generales sobre la vida humana –a veces demasiado pesimistas– y algunas reflexiones simplistas y discutibles. Sin embargo, esto no desmerece el esfuerzo que ha realizado ni la obra que ha escrito.

Después del entusiasmo del fin de la guerra y la liberación –y el desenfreno sexual al que Buruma dedica todo un capítulo–, llegó el hambre. La penuria económica no afectó solo a los vencidos; también los aliados tuvieron que plantear medidas para equilibrar sus finanzas. A continuación vino la sed de venganza y el revanchismo, que se cernió casi siempre sobre los más débiles –sobre algunos que ni siquiera colaboraron con los regímenes derrocados– mientras que la alta burocracia de las zonas vencidas pudo escapar con frecuencia de las purgas.

Lo que subraya Buruma es que la guerra y sus secuelas corrompieron las sociedades, tanto de vencedores como de vencidos. Esto explica que en algunos lugares se encendiera la espita de la guerra civil. En otros, fue curándose el desánimo, recomponiendo un sistema político al que se insufló, a veces de manera falaz, legitimidad. Por ejemplo, se apeló a la resistencia frente al invasor, cuando en ocasiones esta no fue ni heroica ni desinteresada.

La historia de 1945 termina con los intentos por crear un mundo unido. Buruma recuerda los esfuerzos de los padres de la UE por reconstruir el continente, pero también las reuniones preparatorias de las Naciones Unidas, una institución que pronto se mostró utópica: a finales de 1945 se comienza a aventurar una nueva división e irrumpe ya el fantasma de la Guerra Fría.