Anatomía del antiliberalismo

TÍTULO ORIGINALThe Anatomy of Antiliberalism

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Alianza. Madrid (1999). 343 págs. 1.900 ptas. Traducción: Gonzalo del Puerto.

La obra está planteada como una crítica al maniqueísmo de los pensadores antiliberales no marxistas, que desde la Revolución Francesa han endosado al pensamiento liberal la responsabilidad de la decadencia moral de las sociedades occidentales. Pese a su propósito, Stephen Holmes peca de algunas de las faltas que hostiga, entre otras, la división de los antiliberales en duros y blandos, malos y menos malos, según su acercamiento al nazismo o a la que juzga utópica sociedad armónica vigente en el Ancien Régime. La prosa de Holmes es brillante. Su disección de los escritos de quienes considera como pensadores antiliberales más influyentes, certera, si bien él mismo reconoce que parcial.

Joseph de Maistre abre el ensayo crítico como epítome y precursor de los enemigos viscerales del liberalismo. Tanto el vehemente y contradictorio autor francés como sus posteriores epígonos alemanes, Carl Schmitt y Leo Strauss, representan para el profesor de la Universidad de Chicago un ejemplo de los aspectos más turbios del antiliberalismo no marxista: el culto a la fuerza, a la voluntad, a los mitos como argamasa social imprescindible -entre los que figurarían los del cristianismo-, la creencia en la desigualdad radical dentro del género humano y su corolario racista o xenófobo.

En el campo del antiliberalismo light, Holmes sitúa a varios filósofos norteamericanos de la última mitad de este siglo, como MacIntyre, Christopher Lasch y Unger. Todos ellos tienen, a diferencia de sus pares europeos, una raíz religiosa, describen el camino que lleva del liberalismo al capitalismo, al consumismo y finalmente al hedonismo, materializado en el sexo y las drogas, y se refugian con nostalgia en un comunitarismo no marxista que Holmes no duda en calificar de utópico.

La segunda parte de la obra, dedicada a tratar de aclarar los “malentendidos sobre el pasado liberal”, es un breve y superficial tratado apologético sobre los primeros filósofos liberales, en el que Stephen Holmes intenta desmontar algunos tópicos y descalificaciones, con menor fuerza de convicción. Holmes se muestra mucho más incisivo en el ataque que en la defensa. Se echa en falta, asimismo, la inclusión y estudio de algunos pensadores que han aportado algunas de las críticas más agudas del liberalismo como ideología, como por ejemplo Burke o Solzhenitsin.

Francisco de Andrés