Amor en cuatro letras

TÍTULO ORIGINALFour Letters of Love

GÉNERO

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Seix Barral. Barcelona (1998). 315 págs. 2.500 Ptas. Traducción: Ana María de la Fuente.

Es esta la primera novela de Niall Williams (Dublín, 1958), autor también de varias obras de teatro y de libros sobre la costa oeste de Irlanda, donde reside. Amor en cuatro letras -en curso de publicación en una docena de países- es una singular novela de amor formada por dos historias que se entrelazan de modo original.

Nicholas Coughlan narra en primera persona su vida de muchacho en Dublín, marcada profundamente por el día en que su padre decide dedicarse a la pintura, inclinación en la que él ve una llamada de Dios. Para llevar a cabo su deseo, el padre de Nicholas abandona el trabajo y en gran medida a su esposa y a su hijo. La madre muere trágicamente y, con el tiempo, el muchacho comienza a ver en su padre algo así como un profeta que acabará llevando su vocación hasta las últimas consecuencias.

Junto a la vida de la familia Coughlan, el autor intercala otra historia que tiene lugar principalmente en una de las islas de la costa oeste de Irlanda. Esta vez en tercera persona, Williams narra la iniciación amorosa de la joven Isabel Gore, marcada también por un suceso trágico: la enfermedad irreversible de su hermano, de la que ella se cree causante.

Bajo una línea argumental clara e incluso previsible, Niall Williams ha escrito una novela sobre el sentido de la vida. La narración se asemeja en ocasiones a un cuento largo, cerrado, donde cada acontecimiento, por pequeño que sea, adquiere sentido. Nada de lo que ocurre en la novela -en el mundo- es fruto del azar; por el contrario, “el más puro azar o la casualidad más extraordinaria encajan como piezas de precisión en el vasto mecanismo de todas las cosas”. Y para Williams ese orden establecido es la voluntad de Dios. Bajo este prisma, los misterios humanos, el dolor, la muerte, el amor, tienen siempre un sentido preciso aunque el hombre se rebele al no poder explicarlos.

La novela describe el ambiente de la costa atlántica irlandesa. Junto a la presencia del mar, la lluvia y la bruma, hay en la narración una cierta atmósfera sobrenatural que en ocasiones irrumpe con una fuerza quizá demasiado contundente. El estilo de Williams, aunque algo sensiblero, es correcto y se ajusta a una estructura narrativa bien diseñada, capaz de captar al lector desde las primeras páginas.

Pablo de Santiago

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